Reflexiones al SUR

BALONCESTO EN LA CLANDESTINIDAD

JAVIER IMBRODA

Se consumó el esperpento. Mientras el Real Madrid o el Unicaja jugaban sus partidos de la Euroliga, la selección española disputaba a la misma hora en una especie de clandestinidad su partido clasificatorio en esas 'ventanas' FIBA que tanto daño hacen a nuestro deporte. Antes de seguir comentando este despropósito, hay que ponerse de pie para reconocer la mentalidad con que nuestro seleccionador, su equipo técnico y jugadores han afrontado estos partidos. Gestionar una anomalía de este tamaño no es sencillo, pues no existen referencias donde coger información. Sólo queda afrontarlo con determinación como lo han hecho.

Hay que reconocer especialmente a jugadores que lo han sido todo en nuestra competición, y siguen siéndolo, como Albert Oliver, Sergi Vidal y Fran Vázquez, que no dudaron a pesar de las circunstancias en arropar a nuestra selección que es la suya. Grandes. Lo insólito de la situación hace que un jugador como Albert Oliver debute con... ¡39 años!. Es un hecho que le honra, pues sería muy fácil haber contestado que, disputando probablemente su última temporada como jugador profesional, no era oportuno hacerlo, y sin embargo, aportó su experiencia a la causa.

Volviendo a esta situación inédita, ¿qué estamento del baloncesto se puede sentir ganador de este resultado? ¿La Euroliga con el señor Bertomeu al frente? Aparentemente, su competición ha salido indemne. La mayoría de jugadores renunciaron a jugar con sus selecciones. ¿Gana la FIBA con el señor Baumman y sus respectivas federaciones nacionales? ¿Creen que imponiendo estos partidos consiguen la atención del aficionado y patrocinadores? Y la ACB, ¿dónde está? ¿Quién gana en todo este disparate? No tengo respuesta al respecto. Sí sé quién pierde: el baloncesto.

La injusticia recae sobre el jugador y el entrenador, al tener que decidir y resolver la incapacidad de unos dirigentes en armonizar y compatibilizar unas competiciones fundamentales en el desarrollo de nuestro deporte. Como siempre, los mejores están en la cancha, no en los despachos.

Es posible que algunos de estos dirigentes estén contentos con la situación creada. Ya saben que el orgullo suele ser un sedante sin límites. Puede ser incluso que hasta rechacen a las selecciones. Si no son las que ellos decidan, por motivaciones políticas, no les gustan. Puede ser por motivos económicos, porque los clubes pagan y no quieren riesgos de lesiones ni desgastes innecesarios en medio de la competición. Quizás todo se reduzca a saber quién tiene el poder de nuestro deporte, que se esté jugando una partida sobre los hombros de nuestros deportistas, quién decide cuándo y cómo por intereses varios.

Y la ACB como terreno de pruebas. Comenté en estas líneas hace tiempo que el baloncesto profesional dejó de ser liderado por la ACB. Ausencia de liderazgo. Una ausencia que se acentúa por la incertidumbre que se genera al no saber quién la liderará en los próximos años. Una prueba de la desidia creada en esa institución. Nadie se ha percatado de la dimisión del actual responsable, Francisco Roca. Querejeta, el cerebro gris de la ACB, lidera la decisión en la sucesión. Una muestra más del que siempre manejó de forma discreta los designios de la competición con la complicidad de unos cuantos. No hay nada más español que un vasco (Querejeta) y un catalán (Bertomeu) lideren nuestro deporte a nivel nacional e internacional, lejos de focos mediáticos y con unos cuantos trienios a sus espaldas. Ellos, junto a Baumman, de la FIBA, tienen la respuesta a este desbarajuste.

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