CAMBIO DE RUMBO

MARTÍN URBANO

Después de la derrota frente al Montakit Fuenlabrada y con tres partidos en cinco días, dos de ellos fuera de casa, el Unicaja había originado cierto clima de preocupación entre sus seguidores. Por eso, la victoria de anoche frente a un Barcelona, que no fue el campeón de Copa de hace unas semanas, supone un gran paso adelante, más en lo anímico que por su efecto en la clasificación. Bajando a lo concreto, el secreto del éxito malagueño estuvo en los muchos rebotes ofensivos y en las pocas pérdidas, lo que le permitió disponer de diez tiros más que su rival, única manera de ganar el partido, ya que el conjunto azulgrana tiró con mejores porcentajes tanto en los intentos de dos puntos como en los triples.

El Barcelona empezó el partido con una tremenda seguridad, acercando siempre el balón a la canasta malagueña y mostrando una firmeza absoluta en el rebote. El Unicaja, sin triples y sin rebotes ofensivos, estaba desbordado en menos de cinco minutos. Después llegaron los cambios y el equipo azulgrana, con menos estatura, perdió la inicitativa. En el arranque del segundo cuarto, el Unicaja, conducido por Alberto Díaz, ponía el balón siempre en el sitio que más daño hacía a la defensa catalana. Su ataque era el mejor desde hace mucho y se puso por delante en el marcador, sin importar el hecho de que Nedovic estuviera en el banquillo.

En el comienzo del tercer cuarto, el Barcelona, con mejor defensa y apoyado en ataque en un Jackson al que Nedovic dio facilidades, volvió a tomar el mando, pero el Unicaja no bajó los brazos, todo lo contrario, se centró en defensa, aumento el ritmo de su juego, peleó el rebote y volvió a hacerse dueño del partido con un Dani Díez espléndido. En el último cuarto, el Barcelona tardó demasiado en encontrar el ritmo que necesitaba para cambiar la marcha del encuentro. Sin embargo, un pobre ataque malagueño acabó por darle la oportunidad de victoria a un Barcelona que terminó perdiéndola en la línea de tiros libres y en su propio rebote defensivo. Precisamente cuando Plaza había decidido jugar sin pívots.

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