Dichoso canal

PEDRO RAMÍREZ

Se me echaba el tiempo encima y no encontraba el maldito canal, ¿cómo se llamaba? DMAX, BeMad, Al-Jazeera... ¿Pertenecía a Mediapro, Atresmedia, de Mediaset..? El partido iba a empezar, consulta en Google y ¡zas!, lo encontré en esa maraña de canales que pueblan una parrilla agotadora, una oferta inconmensurable y desmesurada que no tienen seguro en Corea del Norte, un síntoma claro del capitalismo, pero sin embargo también tan plural, que solo era imaginable ver en otros tiempos cuando viajábamos a USA y nos quedábamos atónitos mirando la pantalla incapaces de parar de cambiar de canal.

Y mereció la pena encontrarlo, aunque ignoro cuáles fueron los índices de audiencia a los que nos ha llevado este despropósito de las 'ventanas' de la FIBA que muchos años después nos volvemos a encontrar a partir de esta temporada, fruto de este enfrentamiento FIBA-Euroliga, monumento al egocentrismo humano y cortedad de miras de ambas instituciones. Dos partidos para el recuerdo que nos hicieron vibrar y disfrutar como otras veces y que también nos llenaron de orgullo por nuestro baloncesto.

La gestión eficaz y eficiente de los recursos, del esfuerzo y del talento humano es la máxima en la que se mueve el mundo cada día y, por mucho que algunos simples crean que todo es cuestión de números, de poner presión y de horas para alcanzar el éxito, en cualquier proyecto también hay y habrá siempre variables que no caben en una plantilla de Excel.

Habría que preguntarle a Scariolo y a su equipo de trabajo y también, cómo no, a Jorge Garbajosa cómo lo han conseguido, cómo han construido esta bella página de nuestro deporte desde el marronazo que se les veía encima, probablemente porque han hecho muchas cosas bien y porque han sabido liderar y también transmitir a un grupo de hombres la confianza y respeto que merecían así como la importancia de representar a nuestro país y a su baloncesto.

Desde el descreimiento, la estupefacción y la duda, que es de donde partíamos, hasta dejarnos ver que la vida no es una historia de buenos y malos, que nos hace bien de vez en cuando recordar el valor de la convicción, el compromiso y la buena autoestima, del trabajo en equipo, del amor por lo que hacemos y de la importancia que tiene crear entornos favorables y felices para afrontar nuestros retos y poder dar así lo mejor de nosotros mismos. Para poder llegar a convertir una situación compleja en una oportunidad donde reivindicarse y reivindicar la calidad y el talento, rescatando la reputación de muchos jugadores que, aunque menos conocidos para el gran público, son la mejor explicación de esta historia de éxitos del baloncesto español e imprescindibles para comprender la del crecimiento de sus grandes nombres.

Como acertada fue la decisión de la Federación Española de Baloncesto de no forzar más a los jugadores de Euroliga excluyéndolos de la convocatoria definitiva, evitándoles esa posición tan injusta, esa decisión tan difícil. Pero de lo aún podemos estar más seguros, visto lo visto, es de la importancia que adquiere la labor de formación que se viene haciendo en el baloncesto español desde hace ya tanto tiempo, la importancia de preservar la liga ACB de los acosos de la Euroliga para engrandecerse a su consta, el gran valor que tienen aquellos clubes que, apoyados en su cantera, en mayor o menor medida, apuestan claramente por el jugador español, la mayor garantía de futuro de nuestro deporte, lo que no se debe permitir poner en riesgo jamás por fichar y fichar demasiadas veces a jugadores más hechos y que no son mejores, pero que por venir de fuera engordan el negocio e inspiran más confianza a directivos o entrenadores timoratos e incapaces de asumir riesgos que si merecen la pena.

Y para que nombres como los de Quino Colom, Fran Vázquez, Sergi Vidal, Jaime Fernández y demás componentes de esa dignísima selección sigan apareciendo en nuestras canchas, deleitándonos con su buen juego y asegurando el porvenir del Baloncesto español.

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