'FAIL EARLY, FAIL OFTEN AND FAIL FORWARD'

BERNI RODRÍGUEZ

Traducido viene a decir algo así como «falla pronto, falla a menudo y aprende del fallo». Así empezaba un video del famoso actor Will Smith que vi el otro día en Instagram. En poco más de un minuto daba una clase magistral acerca del fallo y sus consecuencias. Decía que fallar es una parte muy importante de la capacidad de tener éxito, que hay que sentirse a gusto con el error y que es en el fallo donde están todas las lecciones importantes. La gente exitosa falla muchísimo, saca las lecciones de ello y aprende. Tienes que vivir, decía, donde estás casi seguro que vas a fallar. La razón del entrenamiento es controlar el fallo y darte la posibilidad de reconocer donde tienes que mejorar.

Además de estar muy de acuerdo con él, me dejó dándole 'vueltas al coco' (como siempre, extrapolándolo al mundo del baloncesto), reflexionando especialmente en los jugadores más jóvenes.

En mi última época jugando en Sevilla tuve la oportunidad de compartir cancha y vestuario con un grupo de estos jugadores que recién empezaba en el mundo profesional. Con el paso de las semanas comprobé con sorpresa que algunos de ellos no estaban nada cómodos con el concepto de fallar y mucho menos con su consecuencia directa: la corrección del entrenador. Noté que sus niveles de frustración eran realmente bajos, ya que les disgustaba sobremanera verse señalados delante del equipo ante cualquier situación de equivocación.

Ocurrió un día algo que se me quedó en la cabeza con otro compañero de mayor edad. Era Kirk Penney (también de la generación del 80), quien, no recuerdo por qué, cometía un error y el entrenador (Luis Casimiro) corregía fuertemente. Su reacción ante la bronca fue ejemplar y algo opuesta a la que acostumbraba ver en los otros jugadores jóvenes (malas caras y frustración). KP se cuadró cual militar, agachó levemente la cabeza y aceptó estoicamente la regañina pidiendo disculpas y, lo más importante, se activó para la siguiente acción. A posteriori comenté con Luis la situación y a él también le llamó la atención, especialmente ante la 'diferencia de actitudes'.

Es una parte importantísima del aprendizaje en formación la aceptación del error, su lectura y posterior mejora, ya que es un componente más del juego. Y así creo que debemos enseñar a los más jóvenes que empiezan en el mundo de la canasta.

Si reflexionamos al respecto, quién no querría tener por ejemplo un 40 % en triples. Eso significa que de cada diez tiros hay seis fallos, seis errores y consecuentemente seis momentos de enfadarte, frustrarte y no encontrar la manera de centrarte en la siguiente acción. El baloncesto es en sí mismo un juego de errores.

También los entrenadores, como formadores que son, tienen que aprender a utilizar el error como un medio de aprendizaje y enseñar a sus jugadores a gestionarlo, ya que este es un elemento inherente al juego.

Termino con una frase sobre el tema del mejor jugador de todos los tiempos (y no, no es ni Lebron, ni Kobe, ni Curry). «He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. 26 veces han confiado en mí para tomar el tiro que ganaba el partido y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y es por eso que tengo éxito», reflexionó Michael Jordan.

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