La fama es lo que tiene

Cinco contra cinco

Demostremos hoy una vez más que la fama del Unicaja ha sido ganada a pulso

La fama es lo que tiene
BERNI RODRÍGUEZ

Esto es lo que pasa cuando te creas una fama bien merecida. Ahora todo el mundo espera ver eso especial que haces, esa cosa que te diferencia de los demás y te ha llevado a tener ese estatus que posees. A veces es un problema porque no te puedes relajar, pero así son las cosas: si haces algo muy bien, tienes la responsabilidad de hacerlo siempre, sin excusas. Y este es uno de esos momentos. Hoy es el día en el que enseñamos la fama que tenemos en el Carpena, la fama de la afición del Unicaja.

Se puede especular con el resultado, ya que es deporte y hay cosas que no se pueden controlar, pero de lo que no se duda es de que la afición del Unicaja responde cuando se la necesita. Permítanme que lo diga con esta rotundidad porque sé bien de lo que hablo, lo he vivido muchas veces en primera persona.

Cuando sentí como jugador por primera vez que la afición malagueña era especial fue durante mi primer año como profesional durante la temporada 1999-2000 en un partido en concreto. Por supuesto que ya conocía lo que significaba la afición del Unicaja porque yo era parte de ella, yendo a ver todos los partidos como espectador antes de llegar a poder pisar la pista como jugador. Aún jugábamos en Ciudad Jardín en aquel partido en el que viví algo que creo no me volvió a pasar nunca más en mi carrera. Recuerdo que disputábamos la primera ronda del 'play-off' contra el Barcelona (los tuvimos contra las cuerdas), cuando tras una canasta de Giancarlo Marcaccini, me ocurrió algo físico que me impactó tanto que se me ha quedado en la memoria todos estos años.

Tras la acción decisiva de mi compañero, la alegría y el ruido que se generó en ese preciso momento en el pabellón fue tal que mis oídos quedaron taponados. Así, tal cual. Noté como un cambio de presión y en un instante no oía nada más allá que un zumbido constante. Lo recuerdo como una película. «Esta gente de la grada, normal lo que se dice normal no es –pensé–, necesitamos un espacio más grande». Y entonces llegó el Carpena, que lo 'empeoró' todo. Más gente, más ruido, más emociones. Alucinante.

Tendríamos que hablar también de lo que sienten los rivales. Aunque a todos les gusta jugar en un pabellón lleno y con ambiente, les aseguro que en un momento dado un jugador del equipo oponente puede sentirse muy muy pequeñito cuando el Carpena ruge. A más de uno he visto tragar saliva ante tal muestra de poderío en las gradas. Más le vale al equipo visitante traer jugadas marcadas por gestos y no por voz, porque cuando once mil personas gritan, pitan y patalean el suelo al mismo tiempo, se oye más bien poco. Yo creo que incluso hasta se ve menos; es como cuando para aparcar necesitas apagar la música...

Siempre cuento que mientras era jugador y estaba en el campo era incapaz de ver ni oír nada. Si miraba hacia la grada, solo veía una masa enorme de gente pero era incapaz de enfocar una sola cara entre el público. También escuchaba un ruido tremendo, pero no diferenciaba ninguna voz más allá de la de mis compañeros y entrenadores. En cambio, sentía perfectamente a la grada y al pabellón sin usar ni la vista ni el oído. Era algo muy especial y muy difícil de explicar.

Esa conexión y esas sensaciones sólo puede generarlas una afición como la de Málaga. Demostremos hoy una vez más que la fama del Unicaja ha sido ganada a pulso.

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