El gigante Weis sale a flote tras su grave depresión que le llevó a pensar en el suicidio

Weis, el miércoles en Miribilla/bilbao basket
Weis, el miércoles en Miribilla / bilbao basket

El Bilbao rinde homenaje al francés, también exjugador del Unicaja, que pasó por una grave depresión y pensó en el suicidio

Enrique Miranda
ENRIQUE MIRANDAMálaga

La gran mayoría de los aficionados del Unicaja se acordará de él. Un espigado cuerpo de 218 centímetros, enormes brazos, cara de bonachón y muy mala puntería desde la línea de tiros libres. Fréderic Weis es uno de los pívots icónicos que han pasado por el club malagueño. Maljkovic ya lo fichó para el Limoges y el Unicaja fue a por él cuando su nombre incluso sonaba para la NBA (los New York Knicks tenían sus derechos) y su caché en Europa era bastante alto.

Tras tres temporadas y media en el Unicaja (3,9 puntos, 4,9 rebotes y 6,4 de valoración), el gigante francés siguió en la liga española y recaló en el Bilbao, club en el que militó entre 2004 y 2009 y en el que dejó un gran recuerdo.

Esta semana, Weis regresó a Bilbao y recibió un cariñoso homenaje del club vasco. Fue en el partido ante el Limoges, también exequipo del pívot francés, ya que el deportista es ahora comentarista de una televisión gala. Con bastantes kilos de más pero la misma cara de sus años en el Unicaja, Weis recibió con una sonrisa en la cara el aplauso de toda la afición de Miribilla.

La historia del que fuera subcampeón olímpico en Sidney 2000 –allí fue sin querer protagonista de uno de los mejores mates de la historia de los Juegos, cuando Vince Carter machacó saltando por encima suya– ha tenido final feliz, pero Weis pasó por momentos personales realmente malos, algo que el propio jugador no oculta. Su trayectoria de penalidades la desveló el New York Times en un reportaje en el verano de 2015; Weis regentaba un estanco en Limoges y relató la grave depresión por la que había pasado en su etapa final en Bilbao. Un descenso a los infiernos en toda regla, con alcoholismo incluido. Sus problemas personales con su mujer, el nacimiento de un hijo con autismo y la presión de la vida de deportista estuvieron a punto de acabar con su vida. En 2008 intentó suicidarse con una sobredosis de pastillas sedantes en un área de descanso cuando conducía desde Bilbao a Francia para ver a su familia.

Por suerte, el pívot salió de aquella y logró reconducir su vida. Aunque nunca llegó a ser el mismo, siguió jugando al baloncesto hasta que se retiró en Francia en 2010. Esta semana, en Bilbao, llegó a pedir perdón a la afición por cómo acabó su etapa allí:«Bilbao es mi segunda casa, debo pedir perdón a la afición y a Txus Vidorreta por lo que pasó al final», aseguró. Pero lo importante es que el gigante Weis logró salir a flote. Los amigos que conserva en Bilbao, y también en Málaga, seguro que se alegran de ello.

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