'LA GRANDE BOUFFE'

PEDRO RAMÍREZ

Amí esto del conflicto entre la FIBA y la Euroliga me recuerda 'La Grande Bouffe' (en castellano titulada 'La gran comilona'), que es una película francoitaliana de 1973 dirigida por Marco Ferreri en la que un grupo de amigos se reúnen en una gran mansión para aplicarse un suicidio gastronómico colectivo, dando rienda suelta a sus instintos más básicos. Y es que, obviando los detalles escatológicos y erótico-festivos, lo que realmente vivimos en nuestro baloncesto es una guerra de poder donde cada una de las partes pretende comerse la porción más grande del pastel sin que a nadie le importe un bledo indigestarse o poner en riesgo el futuro de nuestro deporte y llevándose por delante, si hace falta, a sus pilares fundamentales: los jugadores y los aficionados, aunque a más de uno se le llene la boca defendiendo lo contrario.

Mucho se ha escrito ya sobre el conflicto FIBA-Euroliga, yo también asumo desde aquí mi mea culpa, pero es que es difícil resistirse a opinar sobre un tema de tan lamentable actualidad. En España últimamente sobre choques de trenes tenemos un máster hecho y en este caso también se venía venir y, como suele ocurrir, es de consecuencias imprevisibles, aunque de lo que sí podemos estar seguros es de que, de perder alguien, este será el baloncesto.

La Euroliga y sus clubes parece que se mantienen inamovibles en su postura de no ceder a sus jugadores a sus respectivas selecciones, lo que por otro lado choca con la ley del Deporte que habla de la obligatoriedad de su asistencia, de tal manera que estos quedan expuestos ante una situación del todo imposible e inédita hasta la fecha en la que tendrá que elegir entre papá y mamá, entre cumplir con su contrato o con el sueño de vestir la camiseta de su país, y en la que, decidan lo que decidan, puede acarrearle nefastas consecuencias. Mientras tanto, los aficionados observan estupefactos cómo se van sucediendo los acontecimientos sin que nadie acuda al rescate.

La Euroliga se justifica como heredera de la Copa de Europa de antaño, por ello una competición reconocida y madura. Pero en absoluto queda por eso legitimada para intentar condicionar las diferentes ligas nacionales, por supuesto también a la ACB , y mucho menos aún para autoproclamarse representante de los clubes cuando sólo son 11 los que tienen en ella su plaza garantizada, más un selecto y exclusivo grupo de socios, que lo que en realidad propugnan mientras son muchísimos más los que no pueden acceder a ella hagan lo que hagan.

Sin embargo, la Euroliga ha gestionado la gran competición europea desde el año 2000 y es la FIBA la que irrumpe 15 años después, ahora que se siente más fuerte, intentando arrebatarle el control. Es una batalla perdida, pero que continúa con lo que parece más bien una venganza, saboteando así el calendario y poniendo en un brete a todos, un callejón sin salida si nadie cede urgentemente a sus pretensiones.

Y ahora, a pocos días del Montenegro-España, nadie sabe qué va a pasar. Además, la selección de Sergio Scariolo es en principio la más afectada para afrontar el inicio de la fase de clasificación para el Mundial de China 2019 por tener cinco clubes participantes en la Euroliga con once de sus internacionales, más nueve jugadores en la NBA que sí quedan eximidos del conflicto, lo que pone en peligro no sólo su asistencia a dicho Mundial, sino también a los Juegos Olímpicos de Tokio.

Pero poco nos importa a los que amamos este deporte si es la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) quien organiza la Champions y si es la Euroleague Commercial Assets (ECA) la compañía que organiza la Euroliga y la Eurocup, si en una manda Patrick Baumann o en la otra Bertomeu porque los aficionados al baloncesto lo que queremos es disfrutar con nuestro club, con nuestra selección, sin arrebatarnos en ella la presencia de los mejores, y con este bonito juego. Que los que se dedican y cobran por organizar todo esto hagan bien su trabajo y, sobre todo, no nos fastidien el espectáculo, porque, mal que les pese, el baloncesto es mucho más importante que el negociete de unos pocos.

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