El grito de alegría de Soluade

Soluade, ayer en Quirónsalud.
Soluade, ayer en Quirónsalud. / Ñito Salas

Recondujo su carrera con la cesión en el Burgos y fue clave en el ascenso a la ACB

Juan Calderón
JUAN CALDERÓN

La incipiente carrera de Morayo Soluade sufrió un importante revés cuando hace dos temporadas recaló en el Gipuzkoa Basket. Llegó en enero y casi no jugó. Su entrenador entonces, Porfirio Fisac, lamentó su falta de concentración en el baloncesto. Empezó jugando poco, pero luego casi no contaba. Sin embargo, el destino le tenía deparadas nuevas sorpresas. Primero con su cesión al Burgos, donde fue uno de los pilares del ascenso del equipo castellano-leonés a la Liga ACB, y la segunda, la más importante, la decisión del Unicaja de repescarlo para la primera plantilla.

Sucedió a finales de junio y fue un momento que el base inglés de 22 años no olvidará jamás. «Estaba de vacaciones con mi hermana en Barcelona y entonces me llamó mi agente. 'Oye, tengo buenas noticias para ti', me dijo. En ese momento estábamos en un barco dando un paseo con toda la gente muy tranquila y relajada. Cuando me lo dijo empecé a dar gritos de alegría, y todos me miraban como si estuviese loco. No lo olvidaré jamás», recuerda.

Soluade, sigue en una nube consciente de la gran oportunidad que tiene por delante. De los cuatro canteranos que había cedidos -los otros eran Uta, Romaric y Karahodzic- era el que, a priori, tenía menos opciones de quedarse en la plantilla. «Llevo tres días con estos jugadores y la verdad es que más contento no puedo estar. El cambio es grande, porque estamos hablando de la Liga ACB y de la Euroliga, pero voy a poner en práctica todo lo que he aprendido en Burgos esta pasada temporada. La experiencia en San Sebastián no fue nada buena. Fui a Burgos para mejorar como jugador y como persona, y creo que lo he hecho. Con jugadores como los que hay aquí, creo que seguiré hacia arriba», recalca.

Polifacético

El inglés, además de tener unas grandes cualidades para el baloncesto es un polifacético artista, con un don innato para la fotografía, aficiones que ahora ha apartado de su día a día. «No puedo perder ni un minuto en algo que no sea el baloncesto». A su lado tendrá a un hombre que admira, Alberto Díaz, para el que no escatima en elogios. «No se puede pedir más para aprender. Voy a tener al lado a un MVP de la Eurocup y a un jugador que viene de la NBA... Lo de Alberto ha sido increíble. Pasó de ser el tercer base del equipo a ser el mejor jugador de la final Eurocup». Díaz es el gran ejemplo para Soluade en el año que marcará su carrera deportiva.

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