NO VOY A HABLAR DE CATALUÑA

PEDRO RAMÍREZ

Empieza por fin a botar la pelota de la Liga Endesa, una nueva temporada que plantea un sinfín de incógnitas, como debe ser. Parece que se presenta más abierta, ante ese dominio abrumador de títulos y también de juego de un Real Madrid de época que, a pesar de ello y cuando nadie dudaba de sus posibilidades de éxito, en el trepidante fin de curso pasado se estrellaba primero en la Final Four de la Euroliga y también, ya más vulnerable y con una sensible pérdida de confianza, se vio igualmente superado en la final de la Liga por un extraordinario Valencia Basket.

Y es que en estos nuevos tiempos y con esta nueva Euroliga con un formato de competición tan exigente, los equipos han de gestionar muy bien el consumo de su gasolina ya que corren el riesgo de llegar justitos a la hora afrontar las últimas vueltas, tal y como le pasó al Madrid la temporada anterior y de lo que todo el mundo ha tomado buena nota -valga el símil automovilístico que, por culpa de Alonso, ya forma parte de nuestro argot lingüístico-. Como ya saben, tanto el Unicaja como el Valencia tienen garantizada su participación en la Euroliga solo por esta temporada, pero vuelven, como no puede ser de otra manera, con una decidida intención de quedarse y de hacerla a su vez compatible con sus aspiraciones en la Liga Endesa que es en donde, siendo absolutamente realistas, se juegan casi todo, incluida su continuidad europea para lo que tienen que conseguir ser el mejor equipo de la ACB sin contar con lo que puedan hacer el Real Madrid, Barça o Baskonia que ya gozan de ese privilegio.

Para lograrlo, el Unicaja ha debido experimentar una profunda transformación, aumentando sensiblemente su presupuesto y pudiendo conformar así una plantilla más amplia integrada por catorce profesionales que tendrán que someterse en cada partido y en cada competición a un sistema de descartes de dos jugadores que le permitirá, entre otras cosas, aumentar la competencia dentro del equipo, mantener una mayor frescura física de sus integrantes, minimizar el riesgo de lesiones y la posibilidad de afrontarlas con mayores garantías cuando s se produzcan; también será necesario hacer un buen reparto de minutos para que todos se sientan importantes y puedan dar lo mejor de sí mismos aún corriendo el riesgo de que algún jugador se sienta menos valorado y por ende menos integrado en el devenir del equipo. En resumen, una situación ventajosa pero que se ha de gestionar con maestría, de la que no dudo que Plaza ande sobrado.

En cualquier caso de lo que sí podemos estar seguros es que la Liga Endesa se juega mucho esta temporada, en medio de ese fuego cruzado, que viene de lejos pero intensificado en los últimos años, entre la Euroliga y la FIBA que reclaman su espacio a consta de quién sea en una guerra abierta por los patrocinadores, por los clubes y su participación en sus propias competiciones europeas, por los jugadores y por un calendario que no da para tanto partido, teniendo que integrar en él una Euroliga con una fase regular de todos contra todos, las ventanas FIBA que se abren de forma inminente y las obligaciones de las ligas domésticas. Intereses incompatibles en muchos casos enfrentados en esa lucha sin cuartel y desesperada por captar la atención del aficionado que va a llegar un momento que no va a saber dónde mirar y que acabará pagando quien de verdad soporta con su cuerpo, con su esfuerzo y energía este espectáculo, el jugador.

De momento el más listo de todos parece que está siendo el señor Bertomeu, que además aún no ha dado el visto bueno a la participación de los jugadores de Euroliga con sus selecciones en esas ventanas FIBA dentro del dichoso calendario y que empuja también de forma inexorable a la disminución de equipos participantes en la Liga Endesa, en contra de los propios intereses de la Federación Española de Baloncesto que intensifica a su vez su lucha y preocupación por mantener la mejor selección española posible, esa que tanto bien ha hecho a nuestro deporte, que lucha también por una liga más abierta y en conexión verdadera con el baloncesto base, para que no se desvanezca la motivación de los clubes e instituciones que no están en la élite pero que hacen de la misma forma un magnífico trabajo y que los ascensos se produzcan por motivos estrictamente deportivos.

Y yo he cumplido lo que prometía en la cabecera, eso sí, no sin esfuerzo.

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