Lugar de reposo y reflexión

Cinco contra cinco

Hoy quiero hablarles del segundo lugar donde ocurren más cosas durante un partido de baloncesto profesional y que ustedes pueden ver: el banquillo

Imagen de archivo de Joan Plaza. /
Imagen de archivo de Joan Plaza.
BERNI RODRÍGUEZ

Hoy quiero hablarles del segundo lugar donde ocurren más cosas durante un partido de baloncesto profesional y que ustedes pueden ver. Está claro que el primer puesto se lo lleva el parqué, la pista, que es donde se desarrolla el juego en sí, pero en este otro sitio pasan muchas cosas interesantes y está al alcance de todas las miradas. Es allí donde los jugadores no quieren estar y de donde los entrenadores no pueden salir. Me refiero al banquillo.

La colocación de los ocupantes del banquillo de un equipo profesional siempre es la misma. Usaremos como ejemplo el banquillo del Unicaja, que está situado frente al palco en el lado derecho del campo. Si lo miramos de frente y empezamos por la izquierda, lo más cerca de la mesa de anotadores posible nos, encontramos siempre al delegado (Javi Salvo). A continuación el entrenador y sus ayudantes, que sí pueden variar entre ellos sus asientos. En el caso del equipo malagueño el orden es Antonio Herrera, Joan Plaza, Ángel Cañete y Boni Ndong. Seguidamente se colocarán los jugadores, y por último, el resto del equipo técnico, siendo en este caso el fisioterapeuta (Mario Bárbara), preparador físico (Diego Vázquez) y encargado del material (Jorge Díaz). En el caso del Unicaja, en la esquina final de la zona de banquillo, están el segundo fisioterapeuta (Ale Ballesteros), el médico (Diego Montañés) y el traumatólogo (José Nogales). Ya girando y casi entrando en el fondo de la pista, se sitúan los jugadores que no han sido convocados para ese partido.

Les cuento todo esto para que entiendan, y esta es mi opinión, que un equipo se puede definir bien por lo que ocurre en su banquillo. Me gustan los equipos que tienen un banquillo activo, metido en el partido, donde sus jugadores están constantemente empujando desde la banda a los compañeros que están en pista y se levantan a felicitar o animar al que es cambiado. Por el contrario están aquellos banquillos en el que sus inquilinos parecen estar en el teatro, silenciosos y apagados. Es por ello, que esa zona del campo pulsa perfectamente el estado anímico del grupo. Cuando me tocaba estar allí, intentaba pertenecer al primer grupo y contagiar al resto de compañeros de buenas sensaciones. Tanto es así que siempre tenía una apuesta con mi compañero Jesús Lázaro de ver a cuál de los dos regañaba antes el árbitro y lo mandaba sentarse y no molestar. Montábamos mucho jaleo para salir vencedores aun a riesgo de recibir una técnica. Valía la pena porque servía para activarnos nosotros y al equipo.

En cuanto a la elección de asientos, hay jugadores que siempre quieren estar cerca de los entrenadores y en cambio otros que quieren alejarse lo más posible de esa zona. Algunos son nerviosos y no paran de moverse, otros más 'tipo zen' apenas si respiran. Los hay supersticiosos que, cuando todo va bien, obligan al resto a usar la misma silla con miedo a que cambie la suerte (también estaba en ese grupo). Otro tema importante es el protocolo de actuación cuando un compañero viene enfadado tras un cambio al lugar de reposo y reflexión. Primero, no se le habla, se le da su tiempo para calmarse, y nunca, bajo ningún concepto, se le da la botella de agua primero, porque, y esto lo entienden los aficionados detrás del banquillo, se corre el riesgo de acabar como en el Aquapark. Antes se le da la toalla, que eso ni moja ni se rompe ni hace daño.

Entiendan que ningún jugador quiere estar en el banquillo y no jugar, así que es difícil a veces no estar frustrado allí sentado. Bueno, eso ocurre siempre menos en Moscú. Cuando se juega contra el CSKA no hay problema alguno. Un banquillo normalmente está formado por sillas, pero allí tienen una especie de sofá acolchado que hace las delicias de los que no juegan. Comodísimo, se lo aseguro. Otra situación que ocurre en esa zona del campo, que es muy característica de nuestro deporte, son los tiempos muertos, y aunque la televisión suele meter cámara y micro, lo que pasa durante ese minuto es harina de otro costal y merece columna completa. Será la semana que viene.

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