Manías, supersticiones y demás...

Louis Bullock (i)./AFP
Louis Bullock (i). / AFP
BERNI RODRÍGUEZ

Comer adecuadamente, entrenar mucho, estar concentrado o ser positivo, son algunas de las cosas que un jugador puede hacer para jugar lo mejor posible. Todas ellas las englobo en el grupo de situaciones que dependen de ti. Hay otro grupo, que además es muy grande, que ni por asomo tiene que ver de una manera directa con el jugador, cosas que se le escapan total y absolutamente de las manos y sobre las que nada o casi nada se puede hacer.

Es tan frustrante depender de ellas, que los deportistas hacen lo que sea para ‘creerse’ que las pueden controlar. La mente es débil y se le alimenta de cualquier cosa para engañarla. Hablo de manías, supersticiones, ritos y demás acciones que se hacen para controlar esas otras cosas que no dependen de nosotros.

Quien más y quien menos hace algo de corte supersticioso para verse favorecido por la diosa Fortuna o ahuyentar, al menos, la mala suerte. Pero es que en el mundo del deporte es una auténtica locura. Lo he visto, lo he vivido y se lo voy a contar.

Empezaré por mí. No era yo un jugador especialmente maniático, aunque alguna cosilla sí que tenía, pero eran todas cosas ‘normales’. Me vendaba siempre el tobillo derecho antes que el izquierdo, me reataba los cordones de las zapatillas y del pantalón si las cosas no empezaban bien en el partido, o me dedicaba a pisar las gotitas de sudor que me encontraba por el parquet (que eran muchas). En la previa al partido oía las mismas canciones si habíamos ganado el encuentro anterior. También me gustaba chocar mucho las manos, lo hacía constantemente y siempre movía las piernas cuando me tocaba estar en el banquillo, tanto es así, que a muchos de mis compañeros no les gustaba sentarse a mi lado.

No daré nombres pero eso no es nada comparado con lo que he visto a lo largo de mi carrera. Desde usar la misma ropa interior partido tras partido o tener que salir el último de cualquier sitio donde esté todo el equipo junto (autobús, comidas, calentamiento), a rezar con una audio-Biblia a todo volumen en el vestuario, pasando por los que bebían un vaso de vinagre antes del partido o los que tenían que hacer de vientre en el vestuario justo antes del calentamiento (con lo que para el resto conllevaba).

Mención a parte tiene mi querido Louis Bullock de quien sí les contaré que tenía una sola manía o superstición pero era muy buena. No permitía que nadie le tocase la mano derecha durante todo el día de partido, incluyendo la típica sesión de tiro matutina. Imagínense a ‘Sweet Lou’ evitando por todos los medios que nadie le rozase y yo como loco (sin mala intención) queriendo chocarle. También les digo que pensaba que si al hacer eso le servía para meter más puntos, cosa que así era, yo era capaz de ser su guardaespaldas si era necesario.

Cosa extrema es una leyenda no confirmada que cuenta que había un jugador que no quería coger en brazos a su hijo por miedo a que le cambiase su mecánica de tiro. Tremendo. Lo peor de todo es que creemos que da resultado (yo al menos antes lo pensaba). Nos agarramos a cualquier cosa para controlar lo incontrolable.

Recuerden, si ven a Nedo, a Alberto, a Brooks o al mismo Plaza hacer cosas raras, no se preocupen, están empezando a ganar el partido.

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