MANOLO BAZÁN

Juan Calderón
JUAN CALDERÓN

Hace un par de semanas trascendió la decisión de Rubén Domínguez, posiblemente el mejor jugador de la cantera del Unicaja, de dejar el club para marcharse al Torrelodones; sí, al Torrelodones. La decisión sorprendió a propios y extraños por el destino elegido y porque el padre del jugador rompió el pacto de caballeros que alcanzó con el club en pleno campeonato de España cadete, cuando los responsables cajistas se enteraron de que Rubén había visitado las instalaciones de este club madrileño con vistas a mudarse. El padre del jugador aceptó la propuesta del Unicaja de hacer la pretemporada en el primer equipo, jugar en el júnior como base y una beca hasta que cumpliese su segunda temporada en sénior, teniendo en cuenta que todavía 15 años. Nunca antes el Unicaja realizó una propuesta similar a un niño de esa edad. Se dieron un apretón de manos y el padre del joven jugador aseguró que se quedaría en Málaga, pero luego faltó a su palabra.

Ya no hay marcha atrás. Rubén Domínguez mal aconsejado por un representante con el que el Unicaja haría bien en no tratar en el futuro, se marchó a Madrid. Les cuento esto para ponerles en antecedentes del caso, pero para mí el gran protagonista de esta historia es Manolo Bazán, entrenador durante muchas temporadas del equipo infantil en el que jugó Rubén Domínguez. Hace unos días coincidí con él en el Campus de Unicaja y allí salió, como era de esperar, el asunto. Me contaba Manolo que no entendía la decisión de un niño que consideraba como su hijo. Tengan en cuenta que Rubén Domínguez llegó a Málaga con once años y Manolo casi que lo ha criado. Lo recogía de la residencia en la que vivía y lo llevaba de la mano al colegio cada mañana, se preocupaba de su alimentación, de sus estudios y de su salud si se ponía enfermo; es decir como si fuese uno de sus hijos.

A Manolo se le veía muy afectado, aunque sin rencor, máxime porque ni Rubén ni su padre se despidieron de él y sus compañeros después de haberse criado juntos. Muchas veces, a la hora de analizar estos casos, los periodistas, aficionados y opinadores de turno de las redes sociales y el baloncesto malagueño pasamos por alto estos detalles porque nos centramos en lo más superficial sin tener en cuenta situaciones como esta vivida por Manolo Bazán y los compañeros de generación de Rubén. Conste que no tengo una relación especial con este entrenador del Unicaja más allá de un saludo siempre correcto, pero lo conozco desde hace años, y he visto y observado cómo trata a sus jugadores. Ni una voz, nada aspavientos, siempre educado y con respeto. Quizá por eso es muy querido en la cantera y sus equipos, además, juegan muy bien. Manolo es un tío grande, de más de dos metros, y me impresionó verlo tan afectado. En el futuro seguramente habrá más casos como el de Rubén Domínguez, lo que también invita a una reflexión sobre la gestión de la cantera de Los Guindos, pero lo importante para el Unicaja es que gente como Manolo Bazán sigan formando jugadores aquí en Málaga con esos valores que emplea.

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