Marta García, una doctora bajo los aros

Marta García posa con su bata de médico en Los Guindos. /Álvaro Cabrera
Marta García posa con su bata de médico en Los Guindos. / Álvaro Cabrera

Marta García compagina sus guardias en el Clínico con el Unicaja femenino. «Era inexplicable que no hubiera en Málaga un proyecto serio de baloncesto femenino», dice la pívot marbellí

Enrique Miranda
ENRIQUE MIRANDAMálaga

Advierte de que nunca ha hecho una entrevista como saliente de una guardia, pero la pasada noche no le fue del todo mal: pudo dormir tres horas seguidas y ha descansado lo suficiente como para acudir al entrenamiento vespertino. A Marta García Martín (Marbella, 1986) le gusta pasar inadvertida, pero sus 1,92 de altura no se lo ponen fácil. Su historia es la de una de las mejores jugadoras de baloncesto que ha dado Málaga en los últimos años, pero apenas ha podido jugar en su provincia. Como todas las chicas que trataron de competir a alto nivel en el mundo de la canasta, se vio obligada a emigrar, ya que en Málaga no había un proyecto de baloncesto femenino solvente.

Su perfil

Nombre y nacimiento. Marta García Martín, nacida el 26 de marzo de 1986 en Marbella (31 años).

Posición y altura. Juega de pívot y mide 1,92.

Trayectoria. Empezó en el Siglo XXI en la temporada 2002-2003. Después jugó en el Universidad de Córdoba, el Stadium Casablanca, el Unión Navarra, el Fundación Promete y el Alcobendas. Con la selección española, fue subcampeona europea júnior (2004), quinta en el Mundial sub-19 (2005) y novena en el Campeonato del Mundo con la sub-21 (2004).

Ahora, 15 años después de que empezase a jugar al baloncesto y después de competir por media España, García regresa a Málaga para formar parte del Unicaja femenino sénior, equipo que se estrena esta temporada y que compite en Primera Nacional (equivalente a la tercera categoría). Eso sí, lo hace con un papel muy determinado, ya que a sus 31 años está centrada en su carrera profesional como médico. «Yo acabé de jugar muy quemada, porque estaba en una condición física muy mala», recuerda la pívot, que jugó su último año como profesional en Alcobendas, en Liga Femenina 2 (temporada 2015-2016). «Pero ese año, mientras estaba estudiando el MIR, Lorena Aranda (actual entrenadora del Unicaja) me dejó entrenarme con el CB Mijas Gamarra y jugar algunos partidos y me vino muy bien para liberar tensiones». Las guardias en el hospital y la falta de tiempo le impidieron terminar la siguiente temporada. «Descubrí lo aburrido que es ir al gimnasio y empecé a echar de menos el baloncesto. Quería volver a entrenarme con un equipo, pero sólo entrenar», asegura.

Regreso a Málaga

Una llamada de Ramón García, responsable de cantera del Unicaja, le abrió las puertas del nuevo proyecto del club de Los Guindos. «Yo me fui de Málaga con 14 años. Durante toda nuestra carrera profesional Gemita y yo –se refiere a Gema García, jugadora paleña que llegó a disputar una final de la Euroliga y que ahora milita en el Canoe– siempre nos hemos lamentado de que no hubiera un buen proyecto en Málaga... Era algo inexplicable que no se apostara por el baloncesto femenino. Me dio ese pellizco de ayudar en lo que pueda al proyecto de mi tierra, por lo menos un año». Marta es la veterana de un equipo muy joven que se acaba de formar. Su profesión la obligará a perderse muchos entrenamientos y partidos, pero está encantada con el proyecto. «Le he cogido el gusto al equipo, las niñas se matan en cada partido y me han impulsado a tener ganas de competir otra vez», admite.

Conocía a varias de las jugadoras con las que ahora comparte vestuario y en muchas ocasiones se ve reflejada en ellas en sus inicios. «Se palpa esa ilusión, ese amor al baloncesto de las jugadoras que no son profesionales». García empezó a jugar en el Club Baloncesto Marbella y con 15 años la Federación Española de Baloncesto se fijó en ella. «No sabía ni botar bien. Llevaba dos años jugando en el colegio y no tenía ni idea, pero me vieron tan alta...» Empezó a formar parte del proyecto Siglo XXI de la Federación y se marchó a vivir a la residencia Blume de Barcelona. «No fue fácil irme tan joven, pero fue la mejor decisión que he tomado en mi vida. Yo desde niña quería ser médico, nunca quise ser jugadora de baloncesto. Aquello me llegó de rebote y me dio una adolescencia maravillosa, unas experiencias irrepetibles», afirma.

Obligatorio estudiar

Fue el inicio de una larga carrera que la llevó a jugar en el Universidad de Córdoba, en el Stadium Casablanca de Zaragoza, en el Unión Navarra, en el CD Promete de Logroño y, por último, en el Alcobendas, compaginando etapas en Liga Femenina (tres temporadas) y en Liga Femenina 2. Esta trayectoria le ha permitido conocer en primera persona las dificultades del deporte femenino. «En el baloncesto femenino, al contrario que en el masculino, sabes que tienes que estudiar una carrera porque no te vas a ganar la vida con esto. No es algo opcional, es obligatorio», asegura. «Nadie te ayuda a compaginar horarios, hay facilidades y así hay tantas niñas que dejan el baloncesto por estudiar. Ojalá aprendiéramos de EE UU en este aspecto», dice.

En el caso de los sueldos, asegura que la diferencia con el baloncesto masculino es enorme, aunque la dedicación sea muy similar. «No sé cómo se soluciona esto, es muy difícil. El deporte masculino es muy físico y eso es lo que vende, los mates, las jugadas espectaculares... y la financiación viene de vender el producto. Es la pescadilla que se muerde la cola», argumenta la pívot, que tiene buena relación con el también marbellí Alfonso Sánchez o con el actual jugador del CSKA Nando de Colo, ya que es íntima amiga de su mujer.

Esta semana, el equipo sénior femenino del Unicaja regresa a la competición, tras ganar en el debut al Leyenda Camarón de San Fernando por 91-39. Juega en Sevilla, ante el Náutico, esta mañana (12.30 horas). «Creo que tenemos buen equipo, con chicas muy jóvenes. Quizás nos falte alguna interior más, hay que ver cómo va la temporada», asegura. «No conozco mucho la Primera Nacional, pero sí tengo claro que hace diez años había mucha más diferencia con la Liga Femenina 2. Ahora ha bajado mucho el nivel y todo es más difuso. Las grandes jugadoras españolas están en Rusia o en Turquía porque aquí no hay dinero para pagarles», afirma.

Aunque en principio su compromiso con la entrenadora era que sólo iba a estar en los entrenamientos, la convencieron para jugar el primer partido y admite que le ha picado el «gusanillo» de la competición. «Trataré de jugar los partidos que pueda, pero es que mi tiempo no da para más. Mi madre me dice que tengo que aprender a decir que no. Además de las guardias, estoy en el Colegio de Médicos como representante de los residentes. Hay veces que vivo estresada, mi perro me odia y encima mi novio vive en Guadalajara...», bromea.

Asegura que aplica en su trabajo como médico de familia muchas cosas que ha aprendido como deportista profesional. «Yo aplico valores como el trabajo en equipo, el respeto, la responsabilidad, el compromiso... Por mi experiencia deportiva no me cuesta tanto trabajar los fines de semana o estar 24 horas». En 2020 terminará su periodo de residencia en el Hospital Virgen de la Victoria (el Clínico) y le encantaría seguir ligada al mundo del baloncesto. «Me gustaría trabajar con la selección española o en un club como el Unicaja. También me apasionan las urgencias, intentaría unir las dos cosas», afirma.

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