Faltaban un par de minutos para el final del partido y la imagen en el Palacio de los Deportes durante el tiempo muerto era un poema. Los aficionados que no se dirigían a las escaleras para abandonar el recinto se debatían entre pitar al equipo y al palco, o echarse las manos a la cabeza. Los jugadores cajistas no sabían dónde mirar. Y mientras, en el banquillo rival, una fiesta.
Lo malo de esta escena es que a nadie que suela seguir el baloncesto malagueño le sonará extraña. En los últimos meses se ha repetido en varias ocasiones y forma ya parte de la cotidianidad de este Unicaja. La derrota del conjunto malagueño de ayer ante el Manresa (81-96) fue como un guantazo de la realidad. Esto es lo que hay. El objetivo mínimo de entrar en 'play-off' y mantener la licencia de la Euroliga se ve ahora como una hazaña.
Se podrá pensar que es una visión negativa tras una dura derrota, pero lo cierto es que el conjunto que dirige Luis Casimiro se está quedando sin argumentos para disputar las eliminatorias por el título. Llega un técnico nuevo, se rompe la racha de derrotas, el escolta norteamericano que no rinde es apartado de la plantilla... Pero los problemas de fondo del Unicaja siguen estando ahí.
No hay bases que sepan controlar el partido (Valters y Rowland volvieron a centrar las críticas del público ayer), el tiro exterior no entra, se dejan escapar rebotes en ataque y, lo que es peor, el Unicaja sigue con un enorme bloqueo mental. Nadie sabe cómo ni por qué, llega un momento del partido en que el equipo desconecta, se pone nervioso y se convierte en un muñeco en manos del rival.
Eso le pasó ayer en el último cuarto. El partido había estado muy igualado durante toda la mañana. Con los dos rivales intercambiando canastas y rachas, parecía que cualquiera podía llevarse el triunfo. Se esperaba un final igualado y el Unicaja terminó perdiendo por 15. Difícil de explicar.
Espléndido Zoric
El partido arrancó bien para el Unicaja, con un mate de Zoric a pase de Freeland. El croata estuvo soberbio en los primeros minutos y se fue al banco con 12 puntos y 4 rebotes, liderando el ataque cajista. No empezó tan bien Freeland, que se vio superado por Doellman (siete puntos en el primer cuarto) y que cometió dos faltas rápidas. La entrada de Berni y Garbajosa aumentó el nivel defensivo y permitió que los de Casimiro tomaran una leve ventaja (22-18). Incluso daba la impresión de que los locales podían controlar el marcador.
En el segundo cuarto, Casimiro puso a Garbajosa y Lima como hombres interiores, lo que dio ciertas facilidades a los pívots rivales. Asselin se emparejaba con Lima y anotaba tanto en la zona como a media distancia (28-29). Con la entrada de Zoric, el juego interior se compensó. Berni hizo unos buenos minutos y conectaba con el pívot croata, que seguía anotando.
Con Rowland en la dirección, el Unicaja intentó correr, pero se desaprovecharon varias transiciones fruto de pases malos y de contraataques mal llevados. Además, el equipo malagueño cedía demasiados rebotes en ataque y cometía muchas faltas. Estas segundas oportunidades y los tiros libres fueron un balón de oxígeno para los manresanos. El conjunto de Ponsarnau luchaba por no perderle la cara al partido con Micah Downs y Gladyr acertados en ataque, y consiguió ganar el segundo cuarto para reducir diferencias (46-45).
Bochornoso final
Tras el descanso el partido se volvió un poco loco, con muchas transiciones rápidas y con errores de los dos conjuntos. Asselin seguía haciendo daño y con el 50-55 aparecieron los primeros nervios. Se vio entonces a un buen DeVries, que anotaba con facilidad y a un Darden más activo, jugando al poste bajo ante Downs (68-62). Pero fue precisamente el alero americano rival y su compañero Hanga los que metieron al Manresa en el equipo con siete puntos seguidos (68-69 al final del tercer cuarto, la última canasta tras pérdida de Valters).
En los últimos diez minutos llegó el bochorno. La defensa local se diluyó y el Unicaja perdía balones con la misma facilidad con la que anotaba el Manresa. En un abrir y cerrar de ojos los visitantes se pusieron seis arriba y aparecieron de nuevo los fantasmas: el 'play-off', la Euroliga, la crisis... Y ante la presión los jugadores cajistas bajaron los brazos. Un triple de Hanga (que hizo su mejor partido de la temporada) ponía la puntilla a un rival demasiado enclenque.
En el último cuarto, en el que se jugaba todo, el Manresa -recordemos, conjunto con un presupuesto muy modesto y que llevaba un mes sin ganar- hizo un parcial de 13-27 para terminar ganando el partido por 15 puntos (81-96). Esta es, hoy en día, la preocupante realidad del Unicaja.
UNICAJA 81 - MANRESA 96
LAS CLAVES
Rebotes y triples
El Unicaja cogió diez rebotes menos que el Manresa y terminó con un pobre 3 de 22 en triples (14% frente al 50% rival)
Pésimo último cuarto
Un equipo con aspiraciones no puede llegar al último cuarto perdiendo por un punto y terminar el partido 15 abajo.
Las mejores imágenes del encuentro
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