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Lo que no se debe hacer

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Musli machaca el aro rival / Efe

  • El Unicaja dilapida una renta de quince puntos y cae en Andorra tras una segunda parte calamitosa (92-87)

Si vas ganando un partido por quince puntos, no debes perderlo. Si tienes a uno de los mejores anotadores de la Liga en tu equipo, no puedes olvidarte de él. Si un rival te mete tres triples, trata de que no logre el cuarto, o peor, el quinto. Pero, sobre todo, si has jugado muy bien al baloncesto, no te puedes olvidar de hacerlo. Estas son algunas cosas que no se deben hacer en un partido, y el Unicaja anoche lo hizo en Andorra para caer derrotado 92-87 después de una segunda parte y un último cuarto realmente calamitosos.

Debía ganar el conjunto que dirige Joan Plaza para seguir aspirando a ser cabeza de serie en la Copa del Rey, algo que ahora se le complica, a pesar de que los resultados de ayer le echaron un cable. La degeneración que sufrió a lo largo del partido el Unicaja es difícil de explicar. Tras una primera parte brillante, con un baloncesto alegre y directo que generaba elogios en la redacción de SUR, se pasó a una confusión total, falta de intensidad defensiva y una gestión extraña de las rotaciones por parte de Plaza. Fue raro no ver a Fogg en la pista hasta el minuto 26, aunque ya, por ejemplo, no extraña que Smith actúe de base o el mal tono habitual de Lafayette. Fue un partido que retrató a Musli y Waczynski en defensa, desnudados por Shermadini y Schreiner, los héroes de un Andorra que mantiene su cancha como un fortín.

La derrota incide en la regularidad de este Unicaja, que altera partido brillantes con patinazos como el de ayer. Por suerte, la presencia en la Copa parece segura, aunque lo de ser cabeza de serie se complica.

Lo mejor, el comienzo

Nada de lo que sucedió al comienzo hacía presagiar un desenlace tan negativo. El Andorra apretó un poco, pero empezó a flaquear ante la imposibilidad de mantener el pulso. Nedovic y Musli anotaban por dentro y por fuera, y luego llegaron Lafayette y Waczynski para dar un nuevo impulso. El Unicaja enlazó un parcial de 4-16, mientras su rival se hundía por un su errática insistencia en los triples (1-7). El conjunto de Plaza cometió pocos fallos en el primer cuarto y comenzó a marcar distancias sin demasiada oposición (13-23).

La rotación del banquillo provocó una pérdida de la fluidez ofensiva mostrada en los primeros diez minutos, y el Andorra se acercó en cuanto le entraron un par de triples (20-25). Pero vivir del triple tiene sus riesgos y el conjunto local lo pagaba en cada lanzamiento fallado. El Unicaja castigó estos errores con una ofensiva a campo abierto. Díaz, Brooks, Díez y, en última instancia, Lafayette firmaron un parcial de 6-15 (26-40). Fueron minutos de un buen baloncesto del Unicaja, pasándose bien el balón y jugando a un gran nivel. El Andorra siguió a los suyo, lanzando insistentemente de tres (5-16) y sólo un par de aciertos más impidieron que el cuadro malagueño rompiese el partido ya al descanso (36-47).

El paso por los vestuarios fue demoledor para el Unicaja, que sufrió una pájara terrible y dilapidó su renta. En los primeros cinco minutos de la segunda parte sólo anotó tres puntos. No es que el Andorra estuviese brillante, es que el equipo de Plaza fue un espejismo del que se vio en los dos primeros cuartos. Malos tiros, pérdidas y una defensa de plastilina. Shermadini se ventiló a un Musli demasiado blando y tampoco encontró oposición en Ndiaye. Con el georgiano campando a sus anchas, el Andorra empató el partido en el minuto 28 (54-54). La entrada de Fogg, inédito hasta el momento, mejoró el tono defensivo del Unicaja, que por primera vez en la temporada formó con el estadounidense y Nedovic juntos. Dos tiros libres de Fogg dieron a su equipo una renta mínima 58-60.

La peligrosa tendencia del partido se acentuó en el último cuarto. El Andorra atacaba con insistencia a Waczynski por medio de Schreider, que se dio un festín enorme. Aquello de vivir del triple tomaba ahora sentido. El austriaco anotó tres y el Unicaja iba ya a remolque (74-70, minuto 34). Se la jugó entonces Plaza con un quinteto pequeño que le permitió empatar el partido a 79, con Nedovic al mando de las operaciones. Pero entonces llegó el desastre. Con el Andorra ganando 82-80 a falta de un minuto, Smith y Nedovic perdieron dos balones clave, que los locales aprovecharon para lograr una renta decisiva 86-80. A partir de ahí, carrusel de tiros libres y el partido perdido por parte del equipo malagueño tras una segunda parte desastrosa.