Diario Sur

Malaga CF

Un solo equipo

El deporte de competición es cuestión de actitud. Dando por hecho un alto nivel de competencia, la diferencia de una temporada, de una competición, siempre la marcan aspectos emocionales, individuales y colectivos. Cuando un equipo es capaz de alcanzar esa convicción puede lograr un rendimiento muy por encima de sus posibilidades técnicas. Y eso es lo que, por fin, ha conseguido el Unicaja y lo que le ha llevado a la final de la Eurocup. La plantilla malagueña ha demostrado que es capaz de defender, y muy bien, y que tiene jugadores con talento ofensivo. Lo que le faltaba es que todos los esfuerzos estuvieran enfocados a un mismo objetivo: jugar en equipo. Cada jugador con su rol, con confianza y capacidad de decisión, y un banquillo obstinado en sacar el máximo partido al colectivo, colocando el interés del equipo por delante de cualquier otro.

Y como punto culminante, una comunión excepcional con la afición, entregado a unos colores con tiempos gloriosos y un futuro prometedor. El público del Martín Carpena ha conectado con el equipo con antes y en ello ha tenido mucha culpa el malagueño Alberto Díaz. Las gradas de cualquier estadio quieren ver a su equipo luchar, esforzarse, pelear, sufrir si es preciso y dar batalla hasta el último segundo, hasta la extenuación. Esa conexión equipo-afición tiene un punto mágico, porque estimula esa pasión que sólo ofrece el deporte hasta convertir a miles de personas en un solo equipo.

El Unicaja paseó por el abismo hasta hace unas semanas, pero hoy eso hay que olvidarlo. La autocrítica, la humildad y el orgullo los sacó a todos de ese oscuro túnel. El equipo ha conseguido ese punto que sabe a títulos, a tardes heróicas. Y en estas líneas recuerdo a Pablo Ráez, porque con él empezó esta catarsis, como si su espíritu luchador se hubiese quedado en la cancha, contagiándolo todo. Este es el camino y que nadie se aparte de él porque conduce a la épica, allá donde el resultado no es lo único que importa -aunque siempre gusta más el triunfo- cuando se ha luchado hasta el final.