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Todo cambió el sábado

Desde hace ya unas fechas, en los medios de comunicación tanto de Valencia como de Málaga, especialmente en las tertulias radiofónicas y, por supuesto, entre los aficionados se venía comentando cuánto podría afectar el inoportuno partido del sábado al desarrollo de la final de la Eurocup que el Valencia y el Unicaja van a disputar a partir de esta tarde. Las opiniones han sido muy diversas, pero hasta esta noche no podremos valorar la verdadera influencia de lo ocurrido hace solo unas horas. De momento, lo que sí podemos afirmar, sin la menor duda, es que la importancia de esta final condicionó de manera decisiva el resultado del partido del otro día.

Más posibilidades

Lo cierto es que el partido del sábado ha dado un vuelco total a los pronósticos, hasta ahora muy favorables al Valencia que, no lo olvidemos, ha ganado al Unicaja en los cuatro encuentros que han disputado esta temporada. Sin embargo, el desarrollo del último partido ha igualado definitivamente los pronóstico, ya que todo el mundo pudo comprobar que los locales no alcanzaron el dominio definitivo hasta que el técnico visitante, ante el asombro general, optó por reservar a algunos de sus jugadores fundamentales, según explicó después, por miedo a una lesión.

Factor cancha

La ventaja que otorga al Valencia el derecho a disputar un posible tercer y definitivo encuentro al amparo de su afición también ha perdido gran parte de su valor al contemplar cómo el equipo malagueño ha superado, sin apuros, las dos eliminatorias anteriores con el factor cancha en contra. Tampoco resultan ajenos a esta sensación los minutos de dominio del Unicaja en el enfrentamiento más reciente.

Rebote

Como todo el mundo sabe, la anotación desde la línea de tres puntos ha sido en muchos partidos el gran peligro del ataque malagueño. Sin embargo, ni en el partido del sábado ni en los tres anteriores, el Unicaja ha sido capaz de abrir diferencias con el Valencia desde la larga distancia. Quizás por eso, el conjunto malagueño aún no ha vencido al equipo que entrena Pedro Martínez. Hace sólo tres días, las sensaciones, las diferencias en el marcador y las opciones del Unicaja fueron muy diferentes, porque el cuadro malagueño, entre el quinto minuto del primer cuarto y el séptimo del segundo gozó de claro dominio, con un parcial de 18-33 que le permitió llegar a la recta final del partido con claras posibilidades de victoria.

En esa buena docena de minutos, el Unicaja no permitió a su rival un solo rebote ofensivo, se hizo con rechaces bajo el aro rival y forzó pérdidas al Valencia. Cuando se llegó al descanso, el conjunto local había tenido mucho mejores porcentajes de acierto y también había dispuesto de más tiros libres, pero el Unicaja marchaba por delante en el marcador. La razón era clara, el conjunto malagueño, gracias al rebote ofensivo, se había permitido tirar a canasta siete veces más que su rival. El Unicaja, por debajo en calidad, había encontrado en el factor cantidad una fórmula para dominar al Valencia.

Dubljevic

Aunque todo lo comentado en el apartado anterior es rigurosamente cierto, falta apuntar que la mayoría de esos minutos de dominio del Unicaja coincidieron con la ausencia de Dubljevic, sin duda el mayor peligro para el Unicaja. Por eso, aunque creo que en el repertorio defensivo del Unicaja no están incluidos los dobles marcajes a los pívots, ojalá los técnicos del cuadro malagueño hayan encontrado una buena fórmula para limitar la producción ofensiva del montenegrino. De cualquier forma, no podría decirse, ni mucho menos, que el rival del Unicaja dependa de un solo hombre, todo los contrario, ya que la plantilla taronja dispone de dos jugadores de calidad por puesto. Tiene bases, buenos tiradores y hombres altos, además de una de las mejores organizaciones defensivas de la Liga.