Malaga CF

MIS NOTAS

Lo nunca visto

Ocho partidos de ‘play-off’ y ocho victorias de equipos distintos en unos cuartos de final históricos en los que la igualdad prevalece sobre la calidad de las plantillas, independientemente del puesto ocupado al término de la fase regular. Solo cinco minutos se precisaron para comprobar que el Unicaja no iba a ser menos que el resto de participantes en las series por el título. No sería el único en sentenciar en dos encuentros. En esos primeros cinco minutos, Smith y Nedovic se habían cargado con dos faltas y Omic había dejado su sitio a Musli por decisión técnica con solo 83 segundos jugados. ¡Lo nunca visto!. Demasiados cambios que hacían presagiar lo peor. Y así fue, porque a partir de ahí, el Iberostar Tenerife dominó en la pista y en el marcador refugiado en su defensa y al amparo de su afición, que 29 años después está disfrutando de un partido de ‘play-off’ en una temporada histórica, título europeo incluido.

En la primera parte, solo Dani Díez en los visitantes se salió del guión con una actuación digna de la importancia del choque, y al descanso hasta cinco jugadores de tres posiciones distintas se fueron al vestuario con valoración negativa. Frustrado en ataque (en los tres primeros cuartos no superó los 18 puntos), con unos porcentajes horrendos en el tiro, y sin destacar en ningún apartado del juego, el Unicaja apenas inquietó a un rival que fue ascendiendo en confianza hasta creer en la victoria. Pareció que solo Smith le puso ganas en la segunda parte, hasta el punto de que a 55 segundos del final tuvo un triple para estrechar la diferencia y poner nervioso al cuadro insular. Pero falló.

CRITERIO ARBITRAL

Utilizar el arbitraje como arma arrojadiza en un partido de ‘play-off’ es tan antiguo como inútil. Con trío distintos y criterios diferentes, intentar mediatizar a los colegiados con declaraciones altisonantes es ocultar las miserias propias. Ayer, como ocurrió en Málaga, hubo un mal arbitraje, pero ni entonces ni ayer fueron determinantes para la victoria de uno u otro. ¡Qué ridiculez pensar lo contrario!

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