Tiro libre

Cuándo, cómo y contra quién

PEDRO RAMÍREZ TIRO LIBRE

QQué duda cabe de que hay derrotas que duelen más que otras, reveses que son más duros y difíciles de afrontar, y para saber distinguirlas yo propongo que, fundamentalmente, nos contestemos a tres cuestiones. ¿Cuándo se han producido? ¿Cómo se han producido? ¿Contra quién se han producido?

Aplicándolas al desenlace del partido Valencia Basket-Unicaja del pasado viernes podríamos hacer, si me lo permiten, la siguiente reflexión:

-¿Cuándo?: A estas alturas de la temporada se está en los preludios de la competición y en plena fase de construcción de cualquier proyecto deportivo. Tan bueno es ir avanzando y teniendo buenas sensaciones como tan inquietante sería estar ya a pleno rendimiento. Además, aún no hay nada definitivo en juego y sí tiempo para aprender y recuperarse de los contratiempos. Y es que no hablamos de una final de Eurocup, como aquella que sí supo llevarse el Unicaja el año pasado, sino de un partido importante. Pero, sin embargo, uno más de la fase regular.

-¿Cómo?: El cómo perdió el Unicaja sí que ha podido ser dañino y no deparar las mejores consecuencias. Esperemos que no sea más que un accidente de la competición y nunca un mal síntoma. Y no precisamente porque al equipo le haya faltado acierto, sino más bien porque le ha sobrado indolencia y ha adolecido del carácter imprescindible que se le supone a una gran equipo. Y esto sí puede llegar a generar dudas, alterar la confianza mutua entre todos los integrantes de la plantilla e, incluso, dañar la de la propia afición.

-¿Contra quién?: El Valencia es rival del Unicaja absolutamente en todo. Por ello, no el más conveniente contra quien sufrir tan abultada derrota (ninguno lo sería para esto); ambos se sustentan en los patrocinadores más fieles y fiables del panorama nacional, los más importantes sin tener en cuenta los clubes futboleros; ambos representan a dos grandes aficiones y a dos importantes ciudades para nuestro baloncesto; ambos comparten las mismas aspiraciones en la Liga Endesa como también pelean por mantener una plaza, a ser posible en propiedad, en la ansiada Euroliga y, cómo no, persiguen de igual modo el prestigio como una buena razón de ser.

Pero no se trata sólo de ganar o perder, porque no se puede vivir en el abismo de un todo o nada cada día cuando se trata de construir un equipo ganador o quedar sujetos a los bandazos más o menos bienintencionados de lo que viven esto al día, que por otro lado son la mayoría. Un equipo ganador no puede -y si me apuran tampoco debe- ganar siempre, pero sin embargo se trata, sobre todo, de que sí lo ha de intentar cada vez con todas sus fuerzas y recursos a su alcance. Porque un equipo ganador se ha de forjar en los valores sólidos de las personas, en el compromiso y la responsabilidad, en el trabajo diario y en la empatía, en saber ponerte en el lugar del otro, en el respeto de todos y entre todos, en ganarte la credibilidad de los demás con el trabajo, en poner la ambición máxima y el talento al servicio del equipo, sabiendo renunciar a los sentimientos más egocéntricos y sin buscar atajos para poder llegar verdaderamente preparados a la hora de la verdad.

Porque un gran equipo no puede vivir sólo de su acierto ni de sus grandes porcentajes, ni exclusivamente de la brillantez de sus estrellas (aunque a alguien se lo pueda parecer). Un gran equipo vive de su constancia, de apretar los dientes cuando más duro se hace el camino, de sudar la gota gorda con humildad, autoestima y sencillez, de mantener todas las noches un idéntico nivel de esfuerzo y entrega, de su consistencia defensiva y de una indeleble confianza en sus principios y criterios baloncestísticos para que las musas y el genio lo pillen siempre trabajando, huyendo de complicaciones gratuitas que tanto nos distraen de lo esencial, distinguiendo lo prioritario y disfrutando del baloncesto, que es lo que al fin y al cabo nos acabará haciendo más eficaces y felices.

«No hay un camino a la felicidad: la felicidad es el camino» (Buda Gautama).

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