A las órdenes del profesor Lavodrama

Lavodrama, en un entrenamiento con el EBG Málaga en el colegio San José de Carranque. /Fernando González
Lavodrama, en un entrenamiento con el EBG Málaga en el colegio San José de Carranque. / Fernando González

El mítico exjugador de la ACB asesora a uno de los equipos de la cantera del EBG Málaga

FERNANDO MORGADO

Anicet Lavodrama (Bangui, República Centroafricana, 1963) entra al pabellón del colegio San José, en el barrio de Carranque, regalando una amplia sonrisa a todos los que ya se preparan para la sesión de entrenamiento del Farmaquímica Sur EBG Málaga, el equipo júnior masculino de la cantera de Los Guindos dirigido por José Luis Jiménez y Rafael Calderón. Se despoja del abrigo y accede amablemente a hablar con este periódico mientras instruye a sus jugadores.

Afincado en Málaga desde 2013, el centroafricano se ha convertido en un experto en tecnificación deportiva y gestión emocional

Durante la charla, no quita ojo a los jóvenes, a los que corrige constantemente, siempre con una sonrisa, y anima cuando clavan el ejercicio que ha propuesto. Desde hace un mes, el mítico jugador de la ACB se ha convertido en el asesor del Farmaquímica, al que no solo aporta su experiencia en cuestiones técnicas y tácticas, sino también en el apartado psicológico. El pívot es recordado especialmente por su trayectoria en el OAR Ferrol, en el que jugó durante nueve temporadas hasta que el club descendió en 1994, poco antes de su desaparición.

Toma de decisiones

Formado en Estados Unidos, Lavodrama continuó su carrera en el Joventut de Badalona y en el C. B. Valladolid, club en el que fue adjunto al director general y responsable de comunicación. Más tarde trabajó para la FIBA en Múnich y Ginebra y como ojeador para los Cleveland Cavaliers, antes de entrar en una empresa de comunicación y marketing deportivo en Madrid. A Málaga vino «por amor» y aquí fundó Asis Sport, su propia compañía de organización de eventos deportivos, jornadas y campus de tecnificación y gestión de becas para jóvenes en Estados Unidos.

El exjugador, en un ejercicio.
El exjugador, en un ejercicio. / Fernando González

La labor de Lavodrama con el Farmaquímica no termina en la pista. «Trato de asesorarles a la hora de gestionar las emociones y ayudarles a mejorar la toma de decisiones teniendo en cuenta la presión que uno tiene como jugador», explica. Para el baloncestista, la categoría júnior es un momento crucial en la carrera de cualquier aspirante a convertirse en profesional, ya que «se experimentan cambios grandes de personalidad y carácter».

El interés de Lavodrama por la parte más psicológica del juego viene desde su época en la NCAA, la liga universitaria estadounidense. Allí, en los Houston Baptist, coincidió con Gene Iba, sobrino del célebre Hank Iba, seleccionador del país en las olimpiadas de 1964, 1968 y 1972. «Cuando entrenas con gente como Wayne Brabender, Moncho Monsalve, Ricardo Hevia o José Antonio Figueroa te aportan muchas cosas. El baloncesto exige rendimiento, búsqueda de resultados y mucha presión, por lo que la gestión emocional y la enseñanza de las aptitudes cognitivas son clave», añade Lavodrama, que destaca por encima de todos el nombre del entrenador Carlos Bernabé como su principal mentor en este campo.

Desde su retirada en 1998, el centroafricano ha sido testigo del cambio del juego. «La principal diferencia está en las instalaciones; hoy ya no se juega en ninguna pista sin parquet. También hay más opciones de ver baloncesto, tanto de la NBA o la NCAA como de otros países. En mi época no había muchos jugadores que realizaran una preparación física constante, que hiciesen pesas y prestaran atención a su musculatura, algo que yo aprendí en Estados Unidos. Además, había más presión sobre los extranjeros», comenta. En definitiva, Lavodrama considera que el jugador de baloncesto ahora es más versátil que antes, cuando había más especialistas de cada posición.

Cuidar el deporte formativo

Si tuviese que cambiar algo del baloncesto español, Lavodrama lo tiene claro: «Que los jugadores jóvenes no tuviesen que sacrificar sus estudios por una carrera profesional a tan temprana edad. Para mí, el periodo entre los 18 y los 22 años debe seguir siendo formativo, y los que sobresalen por su talento, como Doncic, pueden ser profesionales. También habría que remunerar mejor a los entrenadores de cantera, que son los que realmente forman a los jugadores, y dejar que la cantera del baloncesto estuviese en los colegios, institutos y universidades».

Málaga tiene el privilegio, según el exjugador, de ser una de las ciudades españolas en la que mejor baloncesto de base se hace. «Desde Asunción, Salesianos, San Estanislao, Los Olivos, Sierra Blanca, Torrequebrada, Novaschool, Maristas... se hace buen baloncesto, muy trabajado. El Unicaja cuenta con una cantera inmensa que abarca toda la provincia. Solo hace falta un camino claro y exigente para que los chicos puedan llegar», apunta Lavodrama, que ríe cuando se le pregunta en qué jugadores en activo se vería reflejado. «Sería una mezcla de James Augustine, del Unicaja, y Kévin Séraphin, del Barcelona».

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