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MARTÍN URBANO

Apesar de la ausencia de tres de los hombres altos del rival, Plaza prefirió no aumentar la fortaleza interior de su equipo con la incorporación de Musli y poner el dedo en la llaga madridista, seguramente con la idea de que no es bueno el cambio en los planes propios, por más que las circunstancias lo aconsejaran.

Laso dio entrada en su quinteto al joven Radoncic y ordenó a Campazzo la vigilancia de Nedovic. El Unicaja arrancó el partido sin ideas en ataque y tan blando como lento atrás. El balón no llegaba a las manos de Shermadini y los locales, muy cómodos en ataque, se fueron con una docena de puntos de ventaja. Cuando entró Dani Díez el Unicaja empezó a funcionar y al final del primer cuarto perdía por seis puntos.

En el comienzo del segundo el ritmo era enorme y Plaza tuvo que retirar 'agotados' a Díez y Augustine, sus dos mejores hombres. A partir de ese momento, Shermadini empezó a ser un problema para el Madrid, y el Unicaja, con mejor rotación, tomó el mando del partido, aunque seguía perdiendo al descanso.

Tras la pausa, Plaza ordenó un quinteto sorprendente que no funcionó ni atrás ni delante y permitió a su rival una ventaja de 15 puntos. Como su equipo no sumaba, Plaza recurrió a sus mejores anotadores, pero su defensa era de una pasividad tan alarmante, que su rival se fue hasta los 31 puntos en el tercer cuarto. Cuando empezó el último periodo, los locales ganaban por 20 puntos y el Unicaja tenía en cancha, otra vez, a los mejores atacantes. Jugando a ver quién metía más puntos el movimiento del marcador parcial del tercer cuarto era más equilibrado, aunque eso permitiera a los locales rozar los cien puntos.

Terminado el partido tuvimos la impresión de haber presenciado una de las peores actuaciones del Unicaja en la cancha del Real Madrid de los últimos años. Muy inferior en los dos lados del campo y sin tener claro que jugadores deben afrontar con mayores garantías cada momento de un partido tan importante como el de ayer.

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