Tiro libre

Ana Rosa Ramírez Rodríguez

PEDRO RAMÍREZ

No te arrepientas de nada. Tu nombre, tu voz y la emoción que ponías al entonar tu canción 'Non, je ne regrette rien' resuenan en mi cabeza, lo hacen sutil y melodiosamente pero sin cesar, siempre lo hicieron.

No te arrepientas de nada, pero como duele ahora la vida, aquí en el pecho, donde nacen las entrañas, en las que te llevaré siempre. La misma que nos hizo hermanos, casi mellizos, divina providencia, mientras tanto nosotros nos hicimos compañeros de juegos y amigos, nos buscamos, nos sentimos, nos quisimos y ¡compartimos tanto! Compartimos a los nuestros, a nuestros hijos y amigos, los buenos y los malos momentos, los trances felices y los que no lo fueron, confidencias y viajes en familia, días de Reyes y túnicas burdeos de Lunes Santo, las guarderías, los colegios, baloncesto... Día a día. Recuerdos interminables y sensaciones eternas que son mías, que ya son mías.

No te arrepientas de nada. De aquellas tardes o noches de charla que no te cansaban y que ojalá no hubieran acabado nunca, disfrutar de los tuyos y, cómo no, del tiempo, y tú lo sabías, del tiempo. Palpar con las manos la vida, escudriñar en ella hasta hallarla, buscar verdad en lo grande y en lo chico, en el afecto y para encontrarte allí a quien tú querías, sin doblegarte ni rendirte jamás, aunque duela, generosa e indomable porque si y para sentirte dueña de ese destino traicionero, por tu rechazo valiente a la razón de la sinrazón, empatizando sin pereza con todos, con «cada persona que es única e irremplazable», luchadora de causas perdidas y, sobre todo, madre, si, MADRE, como a la que tú tanto querías, dándolo todo aunque siempre te pareciera poco, madre de tus hijos y también de tus sobrinos, porque así lo sentirán mientras vivan.

Cómo conforta a un hermano ver a los tuyos contigo, cuidándote, pendientes de todo, incondicionales a tu lado, a Carlos y a los de tal palo tal astilla. Como conforta tanto desconsuelo por no verte, cuánto vacío para seguir queriéndote y echar ya de menos tanta energía, que como legado nos dejas transformada en la fuerza que nos devuelva a la que no da tregua, a la vida.

Y Nacho quiso poner fin a tanto desatino, para recuperar ese abrazo pendiente, para curar las heridas, que te hiciera sentirle de nuevo de tu mano, lo más preciado, arrebatado y lejano que parecía perdido. El designio de Dios que nos deja huérfanos de ti, pero en la esperanza, en Gracia y Esperanza, de que pronto estaremos de nuevo contigo.

A tu Carlos y a tus hijos.

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