EL UNICAJA, ABOCADO A UNA GESTA

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Anoche tuve un sueño. Fue placentero. Soñé que el Unicaja se clasificaba para jugar la final de la Liga Endesa doce años después. Tanta derrota seguida en mayo (tres en los últimos cuatro encuentros), en los estertores de la temporada, con un juego tan penoso y una desorganización colectiva tan evidente solo podía suponer una cosa: Joan Plaza está preparando concienzudamente al equipo para el 'play-off'. Era tal la carga táctica que estaba introduciendo en los entrenamientos que los jugadores se ahogaban en medio de la confusión, pues sus movimientos, torpes y lentos, se asemejaban a la pretemporada. Además, había un silencio cómplice en la plantilla para no desvelar detalle alguno al hipotético rival en las eliminatorias por el título (jugar al despiste, vaya, para que el contricante se confíe en el momento decisivo). De ahí, las declaraciones de Carlos Suárez y Dani Díez en los micrófonos de la Cope cuando Emilio Guerrero les preguntó al término del partido por las razones de la derrota frente a un Tecnyconta Zaragoza que llegó a Málaga tercero por la cola, con la soga al cuello, sumido en la depresión y jugándose una permanencia que finalmente logró tras su victoria en el Palacio de los Deportes Martín Carpena, unida a otros resultados del domingo. El sábado sentí rubor por momentos cuando el cuadro maño zarandeaba al conjunto local en determinadas fases del encuentro (mejor no tocar el tema de Gary Neal, autor de 37 puntos en una exhibición ofensiva como no se recordaba en mucho tiempo). Vi al neófito Pep Cargol de pie en la banda y creí ver a Zelko Obradovic tal era el baño que le daba a su experimentado homólogo. La nebulosa que me envuelve desde entonces deparó el sueño. Es imposible que el Unicaja juegue tan mal a estas alturas de la temporada y con un entrenador que lleva cinco años seguidos asentado en el banquillo malagueño. No hay explicación posible a lo que está ocurriendo. Algo grande y bueno estaba tramando, no podía haber otra razón. Por eso el sueño. En la actual situación, el club de Los Guindos está abocado a una gesta para salvar la temporada, como es superar los cuartos de final con el factor cancha en contra frente a uno de los cuatro favoritos a levantar el título liguero. Desgraciadamente, a dos jornadas para el final de la fase regular, el Unicaja solo aspira a una proeza. El objetivo está más lejos que nunca. Desgraciadamente, no he podido confirmar ninguno de los presentimientos tácticos que me asaltaron en ese sueño tan placentero...

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