VIVIR PARA VER

PEDRO RAMÍREZ

Era difícil prever que la salida de la Euroliga el año pasado abría para el Unicaja un sinfín de oportunidades, que cuando Bertomeu se sacaba de su chistera una de sus normas para la ocasión, oportunas y siempre acordes a sus intereses, condenaba al Unicaja a un mejor destino, a la brillantísima consecución de la Eurocup y, sobre todo, a una vuelta a la Euroliga por la vía rápida, indiscutible y noble. Los denostados y tantas veces olvidados méritos deportivos.

De lo que tampoco puede dudar ya nadie a estas alturas de la película es de que Bertomeu ha ganado de paliza esta última batalla librada con la FIBA por el control del baloncesto europeo de clubes. Y es que ha sido capaz de sostener y seducir a la vez a los grandes equipos y a los grandes patrocinadores, ‘tanto monta monta tanto’, imponiendo además un nuevo formato de competición tan apasionante como conocido por ser el más antiguo del mundo, el de todos contra todos, para dar pie a las posteriores eliminatorias, que le ha permitido mantener –incluso ganar, creo– credibilidad ampliando así la ventaja que tiene sobre su ancestral adversario pero, eso sí, un modelo tremendamente absorbente que choca de bruces con los intereses de las ligas domésticas y mucho más concretamente con una Liga ACB que tiene ya demasiados frentes abiertos.

Una temporada, la del Unicaja, que comenzó con muchas dudas y con poca sintonía interna, lo que no presagiaba nada bueno pero que el equipo fue disipando poco a poco para reponerse y terminar haciendo un tramo final de competición inigualable que le catapultaba al éxito en Europa y a una de las semifinales de la Liga española, con renovadas ilusiones y con la esperanza compartida con su afición de que se podía hacer en ella algo muy importante.

Porque a estas alturas de la temporada el Unicaja llegaba con los deberes hechos, jugando con frescura y con la autoestima por las nubes. Joan Plaza había logrado la implicación de la mayoría de sus hombres, hasta doce en la rotación, y con la aportación en muchas ocasiones de un alto nivel defensivo coral, con los roles bien definidos y repartidos y un alto grado de compromiso de todos para poder enfrentarse al mejor Real Madrid de los últimos tiempos, pero teniendo a favor que previsiblemente aún no se habían sacudido ni el ‘shock’ que le pudo suponer su pésimo partido de Final Four de Euroliga en Estambul, contra el Fenerbahce turco del rey de reyes Obradovic, ni el desgaste físico y mental que acumulaba hasta la fecha.

Pero no pudo ser. Cuando el equipo malagueño pareció darse cuenta ya era demasiado tarde. El Real Madrid en el tercer y a la postre último encuentro, a pesar de sus desafortunada puntería y del impresionante ‘factor Carpena’, no perdonó. No podía hacerlo después de ver por la tele la noche anterior cómo sus compañeros del fútbol ganaban su duodécima Champions League, lo que debe resultar absolutamente inspirador.Es una organización deportiva que esto de ganar lo gestiona como ninguna otra.

Pero para nada de esto empaña la gran temporada realizada por el Unicaja y el prestigio logrado al levantar un nuevo título europeo que queda para la historia, como así quiso reconocerle su afición al despedir a sus jugadores. Prestigio también al haber sabido reconocer su pasado con la retirada de la camiseta de Berni Rodríguez y la reposición de sus estandartes conmemorativos en recuerdo de los éxitos cosechados, esos valores intangibles que, como el de la calidad humana, no se puedan llevar a la contabilidad pero engrandecen y dan esplendor a cualquier institución que se precie.

Y ahora viene una etapa más invisible, pero no por ello menos determinante, que será la próxima temporada, su planificación. Y para empezar nos encontramos, un verano más, con un total mutismo alrededor de la continuidad del entrenador, una cláusula de rescisión del contrato vigente que une a las partes pero que puede volar por los aires antes del 10 de julio al albur de un mercado convulso. Después habrá también que cuidar mucho el imprescindible equilibrio al conformar la futura plantilla tanto económicamente, con sueldos contextualizados y sin agravios comparativos, como dotándola de la calidad suficiente para afrontar con garantías los enormes retos que tiene el club por delante, una exigente Euroliga y seguir luchando entre los mejores en la Liga ACB, sin olvidarnos de cómo puede afectar la novedosa sobrecarga en el calendario de partidos de selección impuesta por la FIBA para el próximo curso.

Lo dicho, vivir para ver…

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