BALONCESTO DE ATAQUE

MARTÍN URBANO

Un tremendo acierto exterior proporcionó anoche al Unicaja un arranque de partido muy positivo. Con la defensa italiana obligada a abrirse por la continua amenaza de anotación visitante desde posiciones muy lejanas al aro, aparecieron otros recursos ofensivos del equipo de Luis Casimiro, que completó un primer cuarto muy brillante, con 33 puntos conseguidos. El entrenador del Unicaja iba metiendo nuevos jugadores en la cancha y su equipo no bajaba la producción en ataque. En sólo quince minutos ya había alcanzado los cincuenta puntos. La sensación de superioridad era tremenda, a pesar de que los locales sumaban también muchos puntos, algo que no debe extrañar lo más mínimo, por el enorme ritmo que el Unicaja había otorgado al partido. Cuando se llegó al descanso, la ventaja malagueña parecía un abismo, aunque en realidad solo había conseguido tres canastas más que su rival, pero el valor triple de doce de sus aciertos había disparado su anotación.

Tras el descanso, la defensa del Unicaja se mantenía firme, porque los locales, seguían sin acertar demasiado desde la línea de tres puntos. El conjunto malagueño, ya con una ventaja importante, no necesitaba arriesgar con los tiros exteriores y su diferencia se estabilizó. Precisamente, cuando los locales tuvieron algunos aciertos triples, ayudados también por pérdidas infantiles del Unicaja, lograron acercarse. Llegados ya al comienzo del último cuarto, el partido no podía ocultar su decidida vocación ofensiva, por eso un parón en la anotación del Unicaja no perdonó el conjunto malagueño. Casimiro acudió a su fórmula mágica con Roberts y Fernández juntos, pero los locales habían entrado de lleno en el partido y el Unicaja necesitaba mejores defensores en cancha. Los locales se adueñaron de la situación y parecían capaces de ganar, pero todavía faltaba por confirmarse otra nota positiva en este gran arranque de temporada: este año sí, el equipo sabe decidir favorablemente los finales igualados. En esta ocasión fue Jaime Fernández, el más descarado y decidido de los jugadores de la plantilla, pero da la impresión de que no es el único capaz de jugarse con éxito el último balón del partido y eso en baloncesto es decisivo.

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