DOS CARAS DIFERENTES

MARTÍN URBANO

Tras lo vivido en los últimos compromisos existía mucha preocupación por el partido de Berlín. Los primeros veinte minutos confirmaron los temores. Sin embargo, como si los dos equipos se hubieran cambiado las camisetas, tras el descanso surgió el Unicaja soñado para darnos una alegría inmensa.

Desde el principio, Luis Casimiro decidió que fuera Milosavljevic quien se encargara de Siva, el base estrella del conjunto alemán, que parecía la mayor preocupación del técnico manchego. Aíto, por su parte, centraba la atención de su defensa en Shermadini, sobre el que mandó doblar el marcaje cada vez que recibía el balón. A través de una mayor actividad defensiva y el correspondiente ritmo de juego, el cuadro alemán se fue enseguida por delante frente a un equipo que insistía demasiado en el triple. Tras el desastre del primer cuarto, el Unicaja tuvo unos minutos de cordura, abandonó el exceso de triples, hizo unos cuantos tiros cercanos y se igualó un poco el marcador. Lamentablemente, las buenas intenciones se evaporaron enseguida y los locales sumaban 58 puntos al descanso, porque las defensas de unos y de otros eran de diferentes galaxias.

En el comienzo del tercer cuarto Milosavljevic volvió a encargarse de Siva y la defensa malagueña era mucho mejor. Más actividad, más ayudas, mejor comunicación y buenas rotaciones. El marcador local no se movía y los ataques malagueños se contaban por aciertos y además, de todos los colores. Al cuadro alemán se le abrían las costuras y la igualdad llegó al marcador. El gran esfuerzo del Unicaja (12-27 en el tercer cuarto) lo dejó todo pendiente de los últimos diez minutos.

En el comienzo del último cuarto poco importaba ya lo ocurrido hasta el momento, aquello era un partido nuevo. El Unicaja insistía en los triples, los locales también. Los balones interiores entrañaban demasiados riesgos de pérdidas en los dos ataques. Los dos equipos se movían en un mar de inseguridad y el cuadro alemán insistía en sus cambios de hombre. Precisamente en el último ataque malagueño, Lessort quedó emparejado con un base y pudo rebotear bajo la canasta alemana para dar el triunfo a su equipo.