El día después del ascenso en el Unicaja: descanso para unas jugadoras y despedidas para otras

El día después del ascenso en el Unicaja: descanso para unas jugadoras y despedidas para otras

Después de un intenso fin de semana poniendo a prueba su resistencia física, el equipo empieza a volver a la normalidad

MARINA RIVAS

Después de un largo día de celebración y un intenso fin de semana poniendo a prueba su resistencia física, el Unicaja empieza a volver a la normalidad. Durante esta semana, merecidamente, toda la plantilla tendrá descanso, pero hasta el mes de junio continuarán las sesiones de trabajo en los Guindos, eso sí con un punto menos de tensón sabiendo que han cumplido con creces con el objetivo del año: el ascenso. La mayoría de las jugadoras todavía no habrá tenido tiempo de ponerse a reflexionar sobre sus destinos cara al año que viene: ¿Seguirán en el equipo?, ¿tomarán nuevos rumbos en otro banquillo?, ¿volverán a su ciudad natal? o incluso, ¿dejarán definitivamente el baloncesto?

Es el caso de Marta García, que ya formó parte del equipo en su nacimiento el pasado año. La pívot marbellí, de 33 años y que no pasa inadvertida con su 1,91 de altura lleva años asegurando que la próxima sería su última temporada calzándose las botas. Pero ahora parece que no hay vuelta atrás: «El año pasado fue diferente, porque era a nivel Primera Nacional, pero en Liga Femenina 2 hay un nivel de compromiso que yo no puedo asumir. Las jugadoras estarán mucho mejor físicamente y eso ya se nota», asegura García a SUR. Y es que mientras que su mente se mantiene ligada a la cancha, la pasión que realmente le da de comer le ocupa demasiado tiempo en su vida.

Despedida en alto

García no sólo ha pasado largos años en Liga 1 y 2, e incluso ha sido subcampeona de Europa con la selección española júnior, la marbellí además es doctora. Y sí, ayer, tras el ascenso del domingo, acudió a su trabajo, mientras que hoy le tocará además el turno de guardia. A caballo entre el Hospital Clínico y el Centro de Salud Puerta Blanca, la pívot, que nunca abandona la sonrisa, sólo puede asegurar que se marcha con la cabeza muy alta. «Me voy con la satisfacción de que ya hay un gram equipo femenino en la provincia y que he ayudado a ello», comienza.

«El Unicaja es un proyecto del que tenía que formar parte. He competido en muchas fases de ascenso pero esta ha sido especial. Hemos dejado un equipo malagueño para que niñas que estaban como yo cuando tenían 13-14 años, que tenían que irse de casa por el baloncesto, puedan quedarse aquí para jugar a baloncesto a un cierto nivel. Este ascenso me ha hecho muy feliz». asegura.

De la felicidad de marcharse por todo lo alto a la de comenzar a escribir su historia personal, ligada también al Unicaja. Tras este fin de semana, la capitana cajista Sandra Pérez, fuengiroleña de 24 años, cuenta: «Emocionalmente es una mezcla de sentimientos que no se puede ni explicar. Lo que vivimos este fin de semana ha sido increíble». Desde el banquillo en los compases finales, Pérez recordaba: «Primero teníamos el miedo de que se nos escapaba en partido y luego el sentimiento de confianza de ¿cómo se nos va a escapar? Nos lo merecemos». Todavía no sabe nada sobre su futuro, más allá de que son de Liga 2, suficiente para que la malagueña pueda rememorar la vivido sabiéndose parte de la historia.