El Unicaja ensucia su nombre

Brian Roberts en uno de los momentos del partido./LOF
Brian Roberts en uno de los momentos del partido. / LOF

En un partido absolutamente desastroso fue arrollado por un rival que juega a otro baloncesto a día de hoy (96-57)

JUAN CALDERÓN

El Unicaja faltó el respeto ayer a sus aficionados, a su patrocinador, a su historia, a la gente que le sigue cada día, a los jóvenes que forman en su cantera... Por todo esto, un equipo de este nivel y de su tradición no puede ofrecer la imagen de descomposición que ayer mostró ante el Valencia. Ensució su nombre y hay pocas cosas peor que eso.

Justo cuando debía dar un paso adelante, justo cuando debía demostrar que todavía le queda ambición por pelear en la Liga Endesa y justo cuando se enfrentaba a su rival más directo, el equipo malagueño fue un absoluto desastre (96-57). Fue incapaz de competir ante un Valencia que juega a otro baloncesto, casi a otro deporte a día de hoy. Más allá de la diferencia de nivel y confianza de los dos equipos, lo realmente alarmante es la dejadez y la incapacidad mostrada por el conjunto de un Luis Casimiro que tampoco ha dado con la tecla en los últimos meses para reconducir el rumbo. Al margen de las lesiones, el técnico tiene mucha culpa por no haber encontrado soluciones ante un derrumbe que ya se aventuraba en Navidad.

Sin soluciones

De aquí al final de la temporada, el Unicaja tendrá que andarse con cuidado para mantener la quinta posición. Los equipos que vienen por debajo (Manresa, Joventut y Zaragoza) tienen más energía que el triste y hundido equipo malagueño en una temporada ya para olvidar. Y esto tiene difícil solución porque la actitud de varios jugadores deja mucho que desear. El adiós a la Euroliga ha supuesto una desconexión total y parece que aguardan con impaciencia el final de la temporada. El repaso fue de los peores que se recuerdan. Desde 1987, el Unicaja no perdía por 39 puntos. Sobra decir que con semejante diferencia, también se perdió el 'average' con el Valencia. Un completo desastre de un equipo a la deriva. La facilidad con la que el Valencia se pasaba el balón marcó por completo el comienzo del choque. Los jugadores del Unicaja siempre llegaban tarde y permitían situaciones muy cómodas de tiro a sus rivales. El enorme agujero en el rebote dio más facilidades todavía al flamante campeón de la Eurocup, que rechace tras rechace se situó 15-6 a los seis minutos. La entrada de Alberto Díaz dio algo más de mordiente al cuadro malagueño, pero las canastas llegaban con cuentagotas con tiros ya demasiado forzados a estas alturas del partido. Casimiro trató de reservar a Wiltjer consciente de que Will Thomas lo sacaría del partido. Cuando salió, en un minuto y medio, el de Baltimore le hizo dos triples y el Valencia cerró el primer cuarto ganando 25-16. La deriva del Unicaja se acentuó de forma alarmante a medida que avanzaba el choque. Primero Diot y luego Van Rossom mostraron cómo hay que hacerles llegar el balón a los pívots. Así, Tobey, Thomas y Dubljevic hicieron un auténtico destrozo debajo del aro malagueño. Del 31-23 se pasó al 43-23 en cuatro minutos desastrosos del conjunto de Casimiro, que era incapaz de hilvanar una jugada con lógica y que se vio superado por la solidez defensiva de su rival. Era un partido de hombres contra niños. Reclamó más dureza el técnico, pero sus jugadores no se la dieron. El Unicaja acabó desbordado la primera mitad, con más pérdidas (8), que asistencias (6) y con el Valencia casi triplicando el número de rebotes. La presencia en la pista de Morgan Stilma y Okouo evidenciaba el malestar de Casimiro con sus jugadores.

Casimiro no ha sido capaz de reconducir el rumbo y algunos jugadores aguardan con impaciencia el final de la temporada

Los jóvenes para tapar las vergüenzas de los profesionales. De nuevo con el congoleño en la pista, el Unicaja mostró algo más de solidez e incluso cogió algo de ritmo en ataque. Pero se trataba de recortar la ventaja del rival y no de intercambiar canastas. San Emeterio impidió cualquier acercamiento y el ímpetu del conjunto malagueño se fue quedando en nada. Volvieron los errores, las pérdidas, las jugadas hacia ninguna parte, triples cómodos fallados y los pívots incapaces de levantar un balón hacia el aro. El Unicaja era un desastre. Si el partido del domingo fue malo, este lo fue todavía peor (67-43, min.30).El último cuarto, aunque resulte doloroso, fue un añadido. La realidad es que lo fue casi todo el partido. El Valencia aumentó su diferencia gracias a un Matt Thomas desatado y la renta no paró de crecer hasta el bochornoso 96-67.