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MARTÍN URBANO

El paso de las horas nos permite una mejor perspectiva para valorar el gran triunfo alcanzado por el Unicaja el pasado viernes y bucear en las causas de tan buen arranque de temporada.

Una victoria sobre el Valencia Basket siempre es un logro significativo para el cuadro malagueño, no en vano el equipo levantino, con aspiraciones muy similares, es su gran rival. Precisamente por eso, hay que dar el valor que tiene este primer triunfo del curso que, por la diferencia que hubo en los tres primeros cuartos, aumenta las dudas del Valencia en la misma medida en la que disipa las del Unicaja. Sin duda, una gran ventaja inicial para el cuadro malagueño en la inevitable pugna con su adversario más directo.

Al señalar los ingredientes esenciales de este éxito del Unicaja hay que referirse al arranque acertadísimo de Kyle Wiltjer, que sorprendió a la defensa valenciana y proporcionó a su equipo la necesaria tranquilidad y confianza; a la excelente actitud de sus jugadores, que se manifestó de manera muy especial en la defensa y la lucha por los rebotes; a la facilidad con la que llegaba el balón a sus hombres altos; a su excelente 57% en el tiro de tres puntos; a su reducido número de pérdidas; a los 43 puntos conjuntos de sus tres bases, liderados ayer por Alberto Díaz; a las diferentes adaptaciones defensivas con grandes ayudas interiores, rotaciones primorosas y acciones de 'dos contra uno' que descolocaron al ataque valenciano o a las genialidades de Fernández. Por último conviene dar la importancia que tuvo a la dirección de Luis Casimiro, que redujo la rotación a diez hombres, supo dar importancia a Suárez, a pesar de los grandes números de Wiltjer y tuvo la virtud de mantener en cancha a los hombres que más estaban aportando en cada momento.

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