Física o Química en el Unicaja

Lessort es la pieza que ensambla el vestuario formado por un grupo dominado por los españoles y la veteranía

Casimiro da instrucciones a Wiltjer y Lessort. /Salvador Salas
Casimiro da instrucciones a Wiltjer y Lessort. / Salvador Salas
José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Alberto Díaz no necesita levantar los brazos ni alzar la vista al cielo para encender las gradas del Palacio de los Deportes porque sus acciones defensivas, plenas de esfuerzo continuado, y su extraordinario acierto en el tiro en este inicio de campaña excelso ponen a los aficionados en pie. Carlos Suárez enardece a la afición con sus gestos y aspavientos cuando su aportación redunda en beneficio del equipo, igual que Mathias Lessort saca pecho, henchido de puro músculo, y mira desafiante al público cuando convierte sus mates en canastas fáciles que inciden en la frágil moral del rival. Son tres formas distintas de extraer espectáculo del baloncesto, un deporte donde la magia lo envuelve todo cuando el delirio se instala en un recinto cerrado. En definitiva, se trata de la química que desprende este nuevo Unicaja, en comparación con la física que exhibía en otras etapas. Si algo ha conseguido Luis Casimiro a las primeras de cambio ha sido convertir las excelentes individualidades con las que cuenta en un grupo que se divierte y afronta unido las dificultades.

El pasado domingo hubo un detalle significativo al respecto. En un día nada brillante de Lessort, el entrenador decidió cambiarle al cometer la tercera falta, después de que jugara poco al principio del choque al cargarse rápidamente de personales. El pívot de Martinica, enojado con el árbitro al entender que su acción no merecía castigo alguno, quiso encarararse con el colegiado mientras se dirigía al banquillo. Inhiesto, le esperaba Casimiro para calmarle con palabras. Ante el intento del galo de revolverse y complicar la situación, al técnico le bastó mantenerse firme y fijar la mirada en sus ojos presa de la ira para hacerle entender su error. En la siguiente jugada, Lessort fue el primero en saltar al parquet tras una gran jugada de su equipo que desembocó en tiempo muerto del rival.

Hablan maravillas de un jugador de gran energía y vitalidad cuyo objetivo principal es divertirse y divertir a su afición. De hecho, en el club lo definen como el pegamento que une a un vestuario dominado por los españoles y en el que destaca la veteranía. Su juventud, 23 años recién cumplidos, y sus ganas de triunfar son virtudes aplaudidas por un Unicaja que ha acertado en los fichajes (Jaime Fernández, Wiltjer y Brian Roberts acompañan bien a Lessort), tanto por la grata impresión que ofrece su juego como por el buen ambiente que desprende el equipo y, por supuesto, por las victorias logradas en estas dos primeras semanas de competición –también ha degustado con amargura la derrota tanto en la Liga Endesa como en la Eurocup–. Solo hay que pasearse por las gradas del Palacio y detenerse en la sonrisa dibujada en el rostro de los aficionados para comprobar la satisfacción que despierta el equipo de Luis Casimiro, que engancha a los espectadores con un baloncesto que marida velocidad y vistosidad.

Bar, la ciudad número 66 que visita el unicaja

Veintinco temporadas en Europa dan para muchos viajes y un sinfín de anécdotas. Entre ellas, el número de ciudades en las que el Unicaja ha dejado huella. Hoy, en su campaña continental veintiséis, visita la ciudad número 66 en su trayectoria, Bar, localidad costera de Montenegro, país en el que ha jugado dos veces en Pogdorica, venciendo en ambas al Buducnost, en 2002 en partido correspondiente a la Euroliga, y en 2016, en la Eurocup saldada con el título en Valencia. Así que es un territorio de grato recuerdo.

Eurocup: nuevo tope europeo

Hablando de Montenegro, la victoria más holgada del Unicaja en la Eurocup databa de cuando venció al Buducnost por 24 puntos (62-86) el 19 de octubre de 2016, hasta que la semana pasada venció por 27 puntos al Fraport Skyliners de Fráncfort (91-64), estableciendo un nuevo tope en esta competición que juega por segunda vez. En la Euroliga, el récord está en los 37 puntos de diferencia que logró frente al Cibona el 31 de octubre de 2007, mientras en la extinta Copa Korac estiró la marca hasta los 44 puntos que consiguió frente al Besiktas el 16 de octubre de 1996.

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