GOTA FRÍA

PEDRO RAMÍREZ

La gota fría es un fenómeno meteorológico anual que suele coincidir con el inicio del otoño en el mediterráneo, una amenaza en toda regla que se repite cada año y que, aunque la lluvia no gusta mucho por estos lares (tan acostumbrados que estamos al buen tiempo), la recibimos con deportividad, como un mal necesario siempre y cuando no venga de forma torrencial o acompañada de malas intenciones, pero que llene nuestros pantanos, que riegue nuestros campos, que limpie nuestra atmósfera ... y ¡ya!, que ya tenemos prisa por recuperar nuestro estilo de vida, al aire libre, disfrutar de la calle y el medio ambiente.

Para un deportista la gota fría, es decir, la mayor amenaza que se cierne sobre su cabeza son las lesiones, ¡malditas lesiones! El evitarlas les permite desarrollar al máximo el potencial de sus carreras y de lo contrario pueden quedar marcadas para siempre. Además estas tienen una incidencia inmediata, en mayor o menor medida, en el rendimiento de sus equipos, pudiendo afectar a las buenas dinámicas de trabajo y dificultando siempre sus programaciones.

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Esa y otras muchas circunstancias hace de esta profesión tan corta que sea complicada y difícil, habitualmente nos quedamos con lo vistoso y más espectacular, pero detrás de todas esas magníficas jugadas o esos partidos tan extraordinarios está el día a día de hombres y mujeres que dedican la mayor parte de sus vidas a entrenarse, a cuidar sus hábitos de alimentación, de descanso e incluso de ocio para poner sus cuerpos a punto, para alcanzar el mayor rendimiento y, por supuesto, para controlar en lo posible el riesgo de lesiones.

Hace tan solo unos días se nos ha roto Alberto Díaz, un deportista malagueño, un hombre que se ha ganado a pulso su sitio en el Unicaja y el respeto de nuestro baloncesto, un jugador al que nunca le faltó talento y que desde siempre tuvo de sobra el carácter competitivo para estar donde está, que todo lo ha conseguido gracias a su determinación y esfuerzo y que, desde niño, luchó por un sueño sin arrugarse anta nada ni ante nadie.

Estamos seguros que Alberto ya está trabajando para recuperase y que acelerará los plazos para su reincorporación al equipo el que, sin duda, lo necesita, y lo necesita por su cada vez mayor presencia en el juego, por su inspirador y contagioso trabajo defensivo, por su carácter y liderazgo dentro y fuera de la cancha, porque ya no es uno más y porque quiere seguir creciendo.

Y ante esta gota fría tan dañina hemos conocido algo más a Casimiro, que es en donde se conocen de verdad las personas, en las duras, y que ha afrontado la lesión de Alberto con entereza, sin lamentarse y confiando en su plantilla, seguro que el mejor y más inteligente mensaje que podría dar a sus jugadores y aficionados. Porque ya estamos hartos de escuchar a entrenadores llorones, que pasan el día justificándose, que ponen el parche antes que salga el grano, todos los aficionados saben ya del peso de Alberto en el equipo pero no podemos obviar que las lesiones también, si se saben aprovechar, suponen una oportunidad. Una oportunidad para conocer mejor a los entrenadores y a sus plantillas, para fortalecer su carácter y capacidad de superación, para que determinados jugadores den un paso adelante y así puedan acabar enriqueciendo el juego, para que cuando llegue la hora de la verdad sea más competitivo y mejor equipo.

Las lesiones son lamentablemente parte del juego y superarlas también identifican a los grandes deportistas, como sin duda lo es Alberto, una nueva lección que aprender de la que seguro saldrá fortalecido.

¡Mucho ánimo y a recuperarte pronto!

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