Dos inoportunas vueltas al mundo para el Unicaja

Los jugadores del Unicaja se preparan para el comienzo del partido ante el Murcia en la segunda parte./Salvador Salas
Los jugadores del Unicaja se preparan para el comienzo del partido ante el Murcia en la segunda parte. / Salvador Salas

Los siete jugadores del Unicaja que disputan partidos con sus selecciones harán 78.000 kilómetros

Juan Calderón
JUAN CALDERÓN

El gran momento de juego, físico y de sensaciones que ofrece el Unicaja se ve interrumpido por el parón en la competición para la disputa de los partidos de selecciones clasificatorios para el Mundial de 2019 en China. Teniendo en cuenta lo apretado del calendario, está por ver cómo regresan los siete jugadores del equipo malagueño que van a emprender un éxodo increíble por todo el mundo. Como es sabido los viajes en avión son una incomodidad para deportistas muy grandes como son los jugadores de baloncesto, y los siete internacionales del Unicaja van a acumular en estas dos semanas la friolera de unos 78.100 kilómetros en vuelos, o lo que es lo mismo, casi dos vueltas y media al mundo, teniendo en cuenta que la circunferencia de la tierra es de 40.075 kilómetros. Se trata de una barbaridad teniendo en cuenta que el equipo malagueño acumula ya una importante carga de partidos, viajes y desplazamientos por toda Europa.

El que se lleva la palma en esta odisea que van a sufrir los profesionales a mitad de temporada es Kyle Wiltjer. El canadiense voló ayer a Madrid para poner rumbo a Orlando, Florida (EE.UU). Allí se concentrará la selección de Canadá para preparar los partidos ante Venezuela, que se jugará en Caracas, y frente al Brasil, que se disputará en Sao Paulo. Teniendo en cuenta que sólo en el vuelo de ida a Orlando acumulará más de 7.000 kilómetros y nueve horas de avión, el ala-pívot del equipo malagueño llegará a Málaga después de los dos partidos con una carga de 23.143 kilómetros y 30 horas de avión. Es el que más preocupa a Luis Casimiro, pues el choque ante los brasileños se juega el 3 de diciembre y no se le espera en Málaga hasta el miércoles 5.

Un problema de espacio

También le espera una buena excursión a Giorgi Shermadini. El pívot se desplazó hasta Tiflis, la capital de Georgia, un viaje de 4.221 kilómetros y casi seis horas de duración, donde su selección preparará el partido ante Estonia en Tallin, otro viaje largo de tres horas y media y 2.400 kilómetros, más otro tanto de vuelta para luego jugar en su país contra Israel. Así que cuando llegue a Málaga acumulará 13.256 kilómetros y 19 horas de avión, algo nada cómodo para un hombre de 2,17 metros y que a duras penas cabe en un asiento convencional.

Menos cansancio, al margen de los partidos, acumularán jugadores como Jaime Fernández (10.180 kilómetros), que tras la concentración en Guadalajara con España, viajará a Ankara (Turquía) para regresar y medirse a Ucrania en Tenerife. La selección suele volar en un chárter, por lo que las incomodidades serán menores que las que afrontará por ejemplo, Milosavljevic (8.300 kilómetros). La ausencia de vuelos directos hasta Belgrado complican la logística al alero que puede hacer escala en París antes de llegar a la capital serbia. Allí estará concentrado antes del choque en Tel Aviv frente a Israel. Los balcánicos regresarán a Serbia para medirse a Grecia el 3 de diciembre en un interesante partido. Una distancia parecida afrontará Waczynski (9.234 kilómetros) que se concentrará en Varsovia para luego viajar a Rotterdam para medirse a Holanda. El alero volverá a su país para jugar en Gdansk ante Italia. Unos 7.200 kilómetros le esperan a Salin, que tiene la suerte de que hay vuelos directos desde Málaga a Helsinki, donde en Espoo, recibirá a Rusia antes de viajar a Sarajevo para jugar contra Bosnia.

Será Lessort (6.156 kilómetros) el que tendrá los desplazamientos más cómodos. Su selección se concentra en Nanterre, cerca de París, para preparar el encuentro que medirá a Francia ante la República Checa en la ciudad natal del excajista Jiri Welsch, Pardubice, cerca de Praga. El pívot cerrará esta incómoda ventana de la FIBA contra Bulgaria en Limoges.

Lo más importante de esta locura de parón a mitad de la temporada es que ningún jugador caiga lesionado con sus selecciones, aunque es evidente que después de estos desplazamientos tan largos y los dos partidos que tendrán que disputar cada uno, llegarán muy cansados a Málaga.

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