Marta García, una despedida por todo lo alto

Marta García, una despedida por todo lo alto
SUR

La pívot marbellí de 33 años, doctora entre el Hospital Clínico y el Centro de Salud Puerta Blanca, cuenta que ahora que ha ayudado a ascender al Unicaja, es el momento de dejar el baloncesto

MARINA RIVAS

A pesar de su 1,91 de altura, Marta García no es la más alta de su familia. Sólo tiene que echar un vistazo a su hermano, que supera los dos metros pero no eligió el baloncesto. En realidad, ella tampoco fue una gran aficionada, aunque sí recuerda ir de joven junto a su colegio de Marbella a ver los partidos del Unicaja en un autobús. Entonces, su máximo referente era Jorge Garbajosa. Lo que ella nunca pudo pensar es que algún día defendería la camiseta cajista y formaría parte de su historia.

No hubo descanso ayer para la pívot marbellí a pesar del sobreesfuerzo del fin de semana. Y es que su trabajo no espera. García es doctora a caballo entre el Hospital Clínico y el Centro de Salud Puerta Blanca, motivo más que suficiente para que haya decidido tomar una gran decisión cara al próximo año, la de colgar las botas de baloncesto, las que le han acompañado toda su vida. «El año pasado fue diferente, porque era a nivel Primera Nacional, pero en Liga Femenina 2 hay un nivel de compromiso que yo no puedo asumir. Las jugadoras estarán mucho mejor físicamente y eso ya se nota», explica a este periódico.

Muchas de sus compañeras que ya la conocían seguirán creyendo que es una broma, dado que lleva varios años afirmando que el siguiente será el último, pero la realidad es que se hace muy duro compaginar un trabajo tan exigente con una Liga Femenina 2. «El club se ha sacrificado mucho conmigo este año por dejarme compaginar el trabajo con los entrenos y ya para el siguiente lo veo muy difícil. Pero me voy con la satisfacción de que ya hay un gran equipo femenino en la provincia y he ayudado a ello», cuenta. La satisfacción de marcharse tras haber conseguido hacer historia.

García comenzó con 12-13 años en Marbella, tras haber probado otros deportes como el kárate. Pero su altura le pedía pisar una cancha de baloncesto. En cuanto la federaron y su nombre salió en las listas de la selección andaluza, su ascenso personal fue meteórico, fichó por el reconocido Siglo XXI, que entonces militaba en Liga Femenina 2. Aunque ella entró a la cantera, debutó a temprana edad en la categoría. «Ahí yo llevaba un año y medio jugando y lo que sabía era lo que me había enseñado mi padre, que también había jugado porque era alto, pero me lancé a por ello», comenta.

Y dese ahí hacia arriba. Se mudó a Córdoba para empezar Veterinaria (carrera en la cual cursó dos años), fichó posteriormente por el actual Mann Filter de Zaragoza (allí coincidió con Gema García) y después pasó por el Obenasa Navarra, donde debutó en Primera División. «Fue mi época de mayor impacto. En el baloncesto muy bien, pero en la carrera cursé pocas asignaturas», bromea. A los 18 años incluso, llegó a ser subcampeona de Europa con la selección española júnior, siendo por aquel entonces la única malagueña.

Pero comprendió más tarde que su destino era hacer historia en casa. La pivot regresó a la provincia para estudiar el MIR y, entrenando en Mijas coincidió con Lorena Aranda 'Peque', entrenadora del Unicaja, quien la hizo partícipe de la nueva era del club. «Es un proyecto del que tenía que formar parte. He competido en muchas fases de ascenso pero esta ha sido especial. Hemos dejado un equipo malagueño para que niñas que estaban como yo cuando tenían 13-14 años, que tenían que irse de casa por el baloncesto, puedan quedarse aquí para jugar a baloncesto a un cierto nivel. Este ascenso me ha hecho muy feliz». Siempre con una sonrisa por bandera, García concluye con una de sus bromas. «Ahora, más adelante, que me llamen para el cuerpo médico, que estaré encantada».