La necesidad de un nuevo impulso

El Valencia, campeón de la Eurocup, vive una inercia positiva similar a la que el Unicaja experimentó cuando conquistó la Korac hace hoy 18 años, y que ahora se echa en falta

Los jugadores del Unicaja hacen piña antes del comienzo de un partido esta temporada. /ÑITO SALAS
Los jugadores del Unicaja hacen piña antes del comienzo de un partido esta temporada. / ÑITO SALAS
Juan Calderón
JUAN CALDERÓN

El título del Valencia en la Eurocup supuso la confirmación de que el Unicaja ya no tendrá opciones de disputar la Euroliga la próxima temporada ni aunque gane la Liga Endesa. El límite de cuatro equipos de un mismo país fijado en 2018 impide la clasificación de un quinto club español. Es una norma conocida, pero que no se valoró hasta que el conjunto malagueño fracasó al quedar eliminado en los cuartos de final de la Eurocup ante el Alba Berlín hace un mes. Al mismo tiempo que Rafa Martínez levantaba el merecido trofeo de campeón para el conjunto valenciano, se desataba en Málaga un torrente de críticas hacia el Unicaja, unas muy merecidas, otras justificadas y algunas sin base lógica sobre la que sustentarse.

Miren, los resultados de los equipos dependen en gran medida de las dinámicas que viven los clubes y de algo clave, el dinero del que dispongan, tengan este último factor siempre muy presente a lo largo de este artículo, pero también de ser lo más realistas posible en cada momento, tampoco pierdan esto de vista.

Hoy se cumplen 18 años desde que el Unicaja ganó el título de la Copa Korac cuando un año antes había jugado la final del torneo frente al Limoges. El club vivía un periodo de efervescencia, crecimiento y alegría económica que se tradujo en éxitos gracias a un aumento constante del presupuesto. Se jugaron finales de Liga, se asentó en la Euroliga y, más adelante, llegaron los títulos.

Esto habituó a la afición del Unicaja al jamón del bueno y cuando se prueban estas exquisiteces resulta complicado acostumbrar al paladar a otros sabores. El triunfo del Valencia ha generado las inevitables comparaciones en una temporada en la que el rendimiento del equipo cajista está por debajo del esperado. El malestar es comprensible y en el club malagueño harían mal si no toman buena nota del sentir de su afición.

El malestar es comprensible y en el club malagueño harían mal si no toman buena nota del sentir de su afición

Ahora miren. Les voy a dar algunos datos que se pasan por alto estos días cuando se pone al Valencia como ejemplo de lo que hay que hacer. La trayectoria del conjunto taronja en las últimas temporadas es impresionante. En las últimas diez campañas jugó cinco finales de la Eurocup y ganó tres títulos, perdió dos finales de la Copa del Rey, jugó dos finales de Supercopa ganando una y conquistó una Liga ACB. En ese mismo periodo, desde 2009, el Unicaja jugó una final de la Copa, otra de la Supercopa y ganó la Eurocup en 2017.

El club valenciano ha construido una espectacular ciudad deportiva y ha comenzado las obras de un pabellón para 15.500 espectadores que cuando esté listo no duden que acogerá la Final Four de la Euroliga. Su presupuesto ha ido creciendo sin parar y es de 17.633.000 euros según aprobó su junta general de accionistas; sí han leído bien. El dueño de Mercadona, donde ustedes y yo hacemos la compra cada semana, Juan Roig, con una fortuna de 7.050 millones de euros, es el principal mecenas del club y elevará el presupuesto para afrontar la Euroliga con garantías, tampoco tengan dudas de eso. El Unicaja, desde 2007 cuando tuvo 18 millones, ha ido reduciendo su presupuesto hasta los 10,5 actuales. Así que los clubes se mueven en escenarios distintos. Es imposible que el club malagueño pueda competir en el mercado con el Valencia. Siempre llevará las de perder. Por eso las comparaciones no son válidas.

Este sensacional respaldo económico ha permitido una dinámica similar a la que tuvo el Unicaja en su época dorada. No le den muchas más vueltas. Ahora bien, el presupuesto del club malagueño da para mucho más de lo visto en esta temporada tan condicionada por las lesiones de jugadores determinantes.

Posiblemente, el Valencia doblará el presupuesto cajista la próxima campaña y dará caza al Baskonia, por lo que habrá que coger otro atajo para reducir esta enorme brecha. El más fácil, aunque resulte paradójico, es el deportivo. Debería construir un proyecto con una identidad reconocible. Les apunto varias ideas, algunas ya en práctica como la apuesta por jugadores nacionales. Haría bien en blindar a Jaime Fernández para evitar su marcha, que sería imperdonable, al tiempo que cuidar a Alberto Díaz, ya en el radar de algún club puntero. Es evidente que los aficionados necesitan un nuevo estímulo, mayor identificación, quizá aprovechar la expectación que han generado Francis Alonso y Rubén Guerrero desde Estados Unidos, pero siendo conscientes de que este no es un club de cantera desde hace ya muchos años y que la exigencia es máxima. También será clave, que los aficionados reconozcan la realidad, porque las cosas no son como antes, pero hay herramientas de sobra para intentar ese nuevo impulso. Esto los que deben entenderlo son los componentes del consejo de administración del club, ponerse manos a la obra, huir de la monotonía, de la comodidad de tener un sensacional respaldo como es la Fundación y el banco y mostrar que se busca ese impulso. ¡Inténtenlo!