NOCHE DE PAZ

MARTÍN URBANO

El baloncesto, como todos los deportes de competición, pierde su naturaleza cuando no hay nada en juego. Así lo entendieron anoche un buen número de aficionados que, a pesar de tener el abono en la cartera y el sitio reservado en el Palacio de los Deportes, prefirieron quedarse en casa. La misma televisión, con el partido contratado, decidió repetir en diferido el partido de fútbol que había retransmitido un rato antes, por miedo a quedarse sin nadie frente a la pantalla. Así las cosas, era de agradecer que los jugadores salieran tan dispuestos, al menos para el ataque, que la defensa ya era otra cosa. Fernández, uno de los jugadores más lúdicos que he conocido, aprovechaba las circunstancias para divertirse. El escaso nivel defensivo italiano y el acierto exterior local propiciaron la primera ventaja malagueña. Mediado el segundo cuarto, la defensa local, que no se parecía en nada a la del domingo pasado, no aguantó ante el buen movimiento de balón de los visitantes y el partido cambió de signo, al amparo, también, de una defensa de zonas italiana. Los 47 puntos visitantes del primer tiempo marcaron las deficiencias del Unicaja.

Tras la pausa, con una defensa activa y de riesgo, el Unicaja dio la vuelta al marcador enseguida, porque el tiro exterior volvió a entrar. Pasados unos minutos, Casimiro volvió a encontrarle el sentido práctico al partido y volvió a meter de nuevo a Alberto Díaz en busca de su recuperación definitiva. Los escasos diez puntos italianos del tercer cuarto demostraban que el Unicaja había rectificado los errores anteriores. Ya en el último cuarto, los visitantes seguían sin disponer de la libertad que necesitaban para tirar a canasta con acierto, mientras el Unicaja se movía cada vez con más confianza y libertad, no miraba nunca al marcador e intentaba divertirse. El equipo italiano, por su parte, no tuvo más remedio que volver a la zona para minimizar los daños.

Por último, mostrar toda la admiración por Larry Brown, un mito de la NBA, ganador de todos los premios y títulos en Estados Unidos, que a sus 78 años mantiene viva la pasión por entrenar.