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BALONCESTO. LIGA ACB
El Unicaja paga con la derrota un partido horroroso frente al Meridiano Alicante y se coloca al borde de la novena plaza. Un último minuto para el olvido echa por tierra el intento de remontada del equipo durante la segunda parte
15 de marzo de 2010
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Una apuesta decidida por el sufrimiento (71-68)
Dowdell trata de controlar el balón ante la presión de Rejón en una acción que acabaría con antideportiva a este último. :: GECA SPORT
JAVIER L. RUIZ ENVIADO ESPECIAL fjlopez@diariosur.es.-

Al Unicaja le tocaba decidirse de una vez. Y lo hizo, aunque del lado que todos trataban de evitar. Su apuesta por el sufrimiento es firme y decidida. Por si lo vivido hasta la fecha, esos pequeños desastres en la mente y el corazón de todos, no fueran suficientes, ahora el cuadro cajista parece empeñado en ponerle emoción a la última y mínima exigencia que pende sobre él. La clasificación para las eliminatorias por el título vuelve a quedar en entredicho. Lo está tras el penúltimo cataclismo, la derrota de ayer en la pista del Meridiano Alicante (71-68), miembro de la resistencia contra el descenso al que le bastó un último minuto digno para desmontar el entramado de las ilusiones malagueñas. La única lectura positiva es la demostración de que el problema no está en el Palacio de los Deportes. Fuera de casa puede jugar tan mal o incluso peor.

Fue difícil para el Unicaja jugar peor de lo que lo hizo esos últimos 60 segundos. En ellos se plantó con una ventaja exigua (63-65), pero valiosa visto el transcurso de todo el encuentro, a remolque y sin aportar la menor seguridad ni confianza en el triunfo. De la catarata de decisiones y ejecuciones adoptadas se derivó una derrota inesperada que agrava la espiral trazada por el equipo cajista justo en el momento en el que todo hacía pensar que había recuperado la normalidad.

El primero en equivocarse fue Berni. Quizá no resulte justo poner un pero a su actuación. Se ha demostrado como una pieza necesaria para que el engranaje cajista funcione. Conoce todos sus secretos y resortes, y sabe qué botón pulsar para que todo funcione. A día de hoy, figura como el único 'dos' fiable en el equipo. Si él está acertado, lo más parecido a la normalidad acaba por instalarse. Pero por encima de todas estas bondades, las lesiones, apariciones y reapariciones parecen haberle restado un cierto 'punch' defensivo, el suficiente como para que Erdogan disfrutase de medio metro de comodidad.

Fue Berni el que pidió su marca a Dowdell cuando este entró en sustitución de Welsch, que había cometido la quinta falta a 53 segundos para el final. En principio, el capitán se encargaría de Stojic. Pero solicitó ese cambio. El Alicante sacó de fondo, Erdogan atravesó toda la zona perseguido como podía entre bloqueos y obstáculos por Berni, recibió en la línea de tres con el medio segundo justo para armar y estabilizarse en el aire, anotar el triple y devolver la ventaja a su equipo (66-65).

Sin escoltas

Una pena, porque de no haber sido por el capitán cajista todo podría haber sido peor. La situación del perímetro es deplorable. Mientras quienes deciden en última instancia se niegan a autorizar movimiento alguno hasta conocer el desenlace del 'caso Dixon', la línea exterior se volvió a demostrar insuficiente. Aíto apostó por Gomis de salida, pero poco o nada le dio. Tampoco Saúl Blanco, en línea paralela de evolución a Guille Rubio. Todos ellos fueron actores principales en un primer tiempo digno de olvido, tan soso como lamentable, que acabó con los locales al borde de la decena de puntos de ventaja (34-25, minuto 20).

Pero retomemos la película de los hechos, porque lo cierto es que el conjunto de Aíto supo reponerse a las pérdidas y la pobreza ofensiva de los dos primeros cuartos. Al triple de Erdogan, segundo consecutivo del turco, el Unicaja respondió con lo único que tuvo en el encuentro de ayer, Jiménez. El alero fue la única nota positiva. Él se encargó de levantarse desde la línea de tres y anular la acción anterior (66-68, a falta de 32 segundos). Está bien contar con un hombre como él, pero cabe la pregunta de si resulta posible basar las opciones de victoria en la aportación ofensiva de un tipo como el madrileño, capaz de valorar 27 sin necesidad de exhibirse en ataque.

Sea como fuere, de su mano regresó la ventaja. Todo quedaba encomendado a un defensa que parecía funcionar, que obligó a Avdalovic a agotar la posesión entre botes y botes, hasta que se levantó desde la línea de tres y endosó un nuevo triple al Unicaja (69-68, a falta de 13 segundos). Una posesión para ganar. Un tiempo muerto para construirla. Un base, Cook, para tirarla por la borda, y cuatro compañeros para esconderse víctimas del miedo a dar un paso y ganar el partido.

El estaodunidense se precipitó en una penetración con demasiado tiempo por jugar para aprovechar el tropiezo de Avdalovic. Perdonable, desde luego mucho más que la infracción de cinco segundos que cometió posteriormente al no saber qué hacer con la pelota en el saque de fondo.

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