La nueva vida de Alberto Díaz

El malagueño del Unicaja reflexiona sobre una situación atípica para él: estar lesionado. SUR acompaña al base, que estará dos meses fuera de las canchas, en un día de rehabilitación junto a los recuperadores del equipo

Arriba, Díaz recibe tratamiento en Los Guindos/MIGUE FERNÁNDEZ
Arriba, Díaz recibe tratamiento en Los Guindos / MIGUE FERNÁNDEZ
Juan Calderón
JUAN CALDERÓN

Alberto Díaz cuenta los días para volver a las canchas. Dos meses fuera de las pistas y la competición es mucho tiempo, demasiado para un jugador que nunca antes se lesionó desde que es profesional. Un mal gesto lo ha dejado fuera del equipo, pero también le ha permitido conocerse mejor a sí mismo y ver el baloncesto desde fuera, desde otra perspectiva.

Todo comenzó con un mal apoyo, un pinchazo en la zona en la que el muslo se une con el glúteo, que técnicamente fue definido como una rotura de grado 1 del tendón conjunto isquiotibial. Una lesión extraña, pero de complicada recuperación, como así lo demuestra el tiempo de baja. En estas primeras semanas de rehabilitación, mínimo esfuerzo y mucho tiempo en manos de los fisioterapeutas del equipo, Mario Bárbara y Alejandro Ballesteros, que utilizan los últimos avances técnicos con él.

Díaz se tumba en la camilla para que Ballesteros lo trate con la famosa Indiva, un aparato de radiofrecuencia que acelera la curación de los tejidos, reduce el dolor y facilita el retorno a la actividad física. El base recuerda perfectamente cómo fue la lesión. Incluso, Ángel Sánchez Cañete, asistente de Casimiro, le buscó el apoyo exacto. «Fue extraño. Todo fue un gesto normal en el que sentí un latigazo nuevo para mí. Piensas que se te coge un músculo o que es un simple aviso, pero cuando vas al banquillo y haces otros movimientos, ves que algo no va bien. Piensas que vas a llegar al siguiente partido, pero una vez pasada la noche sí que me iba planteando cosas, pero no que iba a ser para tanto». Aquellas sensaciones iniciales derivaron en un diagnóstico más grave, y quizá para Díaz lo peor ha sido más el choque anímico que el físico, una vez superado el dolor muscular de los primeros días.

«Me cuesta asimilarlo porque es una situación extraña para mí. Son los primeros partidos que me pierdo. Estás acostumbrado a estar en la rueda, y entonces te dices que van a ser ocho semanas... Hay momentos de bajón, pero soy de las personas que piensan que siendo positivo el cuerpo reacciona mejor y espero llegar antes», comenta Díaz, que todavía está en la primera de las cinco fases de la rehabilitación diseñada por Mario Bárbara. Ha tenido que ver los partidos desde el banquillo y ahí el tipo tranquilo ha mutado su carácter. Protesta las decisiones, se pone de pie y celebra efusivamente las canastas. Ha surgido un nuevo Alberto.

«Lo paso bastante mal y me estoy conviertiendo un poco en un 'hooligan'. Yo mismo, cuando acaba el partido, me veo y no me reconozco. Ahora lo paso peor viéndolo desde fuera. Tengo muchos nervios desde el mediodía, que es algo extraño porque esto no me pasa cuando voy a jugar. Es extraño, pero creo que es porque se trata de algo que no pasa por las manos de uno; que no depende de ti, pues no tienes el control de la situación. En el segundo partido traté de controlarme más», comenta.

El malagueño también se vio implicado de forma indirecta en otra situación nueva para él. Su largo periodo de baja generó el debate de si había que reemplazarlo con un recambio temporal, algo que el club descartó desde un primer momento, y sobre lo que también reflexiona. «Sinceramente yo no habría fichado porque tenemos jugadores. Pero es algo que me ha sorprendido, porque cuando te falta algún compañero sí que piensas en cómo afectará al equipo. Ahora que me ha pasado a mí, en ningún momento me he puesto a pensar si fichaban o no. Es extraño porque cuando pasa en otros equipos uno sí que lo piensa. Creo que en mi mente no tengo asumido que sea una lesión tan larga y quizá por eso no he pensado tanto en esto. Además, Jaime (Fernández) está a un gran nivel y ayuda en el puesto de base. Nos hemos podido reestructurar bien», explica.

La lesión no ha alterado su rutina espartana de trabajo. Es el primero que llega y el último que se va. Ahora, al no poder entrenarse, podría relajarse, pero sigue llegando con mucha antelación para recibir tratamiento antes de que comience el trabajo del resto, y así poder seguir luego con atención el entrenamiento de sus compañeros. Esto también será clave para que incluso acorte el tiempo de baja de una lesión que ha permitido el estreno en la élite de Pablo Sánchez, el júnior que ante el Tecnyconta Zaragoza se convirtió en el jugador más joven en debutar con la primera plantilla del Unicaja (16 años y 9 días), y con el que Alberto Díaz siente que tiene muchas cosas en común. «Podemos ser parecidos. Es un chico como yo de trabajador, Pablo es humilde, honesto, al que le gusta trabajar y que se deja aconsejar por los veteranos. Ahora hay que ir protegiéndolo porque es muy joven y que siga su camino. Le hemos dado la enhorabuena. No le hemos gastado novatadas, porque ahora tenemos a Suárez en plan tranquilo (risas). Siempre es bonito que los jóvenes suban al primer equipo», dice bendiciendo al joven jugador jiennense.

La próxima semana Alberto Díaz comenzará con una nueva fase de su rehabilitación con la idea de volver a comienzos del mes de diciembre, seguramente más fuerte física y mentalmente tras dos meses distintos en su vida.

Bárbara: «Se prepara bien para que no le pasen estas cosas»

Que un jugador en tres años no sufra ni una sola lesión es algo poco habitual en el deporte profesional. Por eso también la situación por la que ahora atraviesa Alberto Díaz, fuera de las canchas por dos meses, es llamativa.

El fisioterapeuta del Unicaja, Mario Bárbara, supervisa la rehabilitación del base internacional malagueño y tiene la respuesta a la solidez física de Díaz. «Es un tío fuerte mentalmente porque cuando tuvo molestias supo aguantar el dolor. Y también porque es una persona muy profesional, que viene mucho tiempo antes a trabajar y que se queda el último. Es decir, se prepara muy bien para que no le ocurran este tipo de cosas. Luego también influye la genética. Es un tío muy estable y sólido, con gran capacidad de trabajo; influyen un conjunto de cosas. También es cierto que ha tenido suerte, porque no es habitual que no haya tenido ni un esguince de tobillo, que es algo muy habitual en el baloncesto. Tres años sin lesionarse no es algo habitual...», reconoce.

También entiende Bárbara que la lesión es algo nuevo para Díaz desde el punto de vista mental, pero apunta que esto lo tiene superado, algo que también se aprecia en sus declaraciones en la información principal de esta página. «Me decía que lo pasaba mal. Ha tenido una actitud muy positiva, teniendo en cuenta que no es una lesión grave. Creo que su cabeza respondería bien, pero es un tío positivo, fuerte y que lo lleva bien. De inicio siempre hay algo de negación, que le duró dos días, y a partir de ahí sólo piensa en trabajar para volver cuanto antes», destaca.

Desde el punto de vista médico, al base del Unicaja le queda todavía un largo proceso de recuperación para que ese tendón del conjunto isquiotibial no vuelva a dar problemas, un trabajo que incluso se prolongará incluso después de que vuelva a jugar. Ahí estará la clave para evitar una recaída. «Ahora está en una primera fase, que se llama aguda, en la que se intenta controlar el dolor, la inflamación o el sangrado que haya tenido. Para eso se usan máquinas de crioterapia de frío y compresión o como la Indiva, que controla la inflamación y el sangrado por la rotura. Luego pasará a una segunda fase, subaguda, en la que se trabaja flexibilidad, empezar a ganar recorrido artitular y muscular, que lo ha perdido, y, levemente, algo de fuerza y control motor del miembro inferior. Luego llegará una fase funcional, si cumple los criterios en las dos primeras, de carrera suave, bicicleta y de ejercicio funcional en el gimnasio. Posteriormente afrontará la penúltima, en la que ya hará cosas en pista de forma individual y luego con el resto, primero sin contacto y más tarde con normalidad. La última fase, aunque haya vuelto a jugar, deberá seguir trabajando, porque en este tipo de lesiones el 30% de los lesionados recaen». «Esta última es casi la más importante», finaliza Bárbara.

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