El peligroso 'cambio de nombre' del Unicaja

El club, más allá de la elección del nuevo entrenador –porque el proyecto de Plaza está acabado–, tiene que encontrar una estabilidad para no convertirse en el equipo 'ascensor' de la ACB

Plaza felicita a Pedro Martínez. /Fernando González
Plaza felicita a Pedro Martínez. / Fernando González
José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

No recuerdo un partido de 'play-off' con tan pocas ganas de fiesta como el del pasado martes. Luchar por el título siempre es motivo de orgullo, y el Palacio de los Deportes luce sus mejores galas en estos encuentros decisivos. Tiene fama en el mundo del baloncesto, como atinadamente escribió Berni Rodríguez en su columna semanal en SUR. Esta vez no fue así. Desde el comienzo. Para empezar, ni se llenó, que ya es noticia, aunque algunos pongan la excusa de la hora temprana para justificarlo. La afición sabía de antemano que el Unicaja no está para florituras, y esa es la peor sensación que se puede tener en el deporte. Resignación y abatimiento siempre estuvieron reñidos con este club, porque su crecimiento constante durante décadas hasta alcanzar la gloria se cimentó en virtudes que hoy no aparecen por rincón alguno.

El último mes y medio de competición es inconcebible e imperdonable para un equipo con aspiraciones –solo los modestos, cuando han salvado la temporada, se dejan ir–, aunque el público que acudió al partido frente al Baskonia se lo perdonó al equipo y se lo reprochó al entrenador, blanco de las pocas iras que se manifestaron en el fin de temporada. No creo que toda la culpa sea de Joan Plaza, otra cosa es que entiendo que su proyecto en Málaga ha terminado tras un lustro con más sombras que luces. Pero vayamos por partes.

El Unicaja tiene que reflexionar sobre el futuro, tener claro los cimientos sobre los que quiere construir un proyecto de garantías. Es muy fácil decirlo, y muy difícil hacerlo. Es evidente, pero lo único que se le exige a los rectores de Los Guindos es que tengan criterio definido, desde el entrenador sobre el que gravitar las perspectivas que asoman por el horizonte hasta el estilo de juego con el que alcanzar el éxito. En los últimos años siempre ha habido un equipo de menor potencial que ha sido elogiado por su forma de imponerse a los rivales, de alcanzar su objetivo, de llegar a la meta. Más allá de presupuestos, no podemos quedarnos con el dinero para justificarlo todo, porque últimamente siempre sale perdiendo la entidad de Los Guindos, pues suele quedar clasificado por detrás del lugar que le correspondería (así ha ocurrido este año en la Copa y en la Liga). Elegir al técnico que sustituya a Plaza tras un lustro en el banquillo malagueño es clave a corto plazo, pero a largo plazo hay aristas que dibujan un panorama distinto, espinoso, arduo, si se hacen las cosas mal.

Debe mantener el Unicaja una línea de estabilidad presupuestaria que se transmita a la parcela deportiva para luego exigirle un rendimiento acorde a su estatus. En estos momentos corre el riesgo de cambiar hasta de nombre si la desidia o la comodidad lo convierten en un equipo a la deriva: ora en la segunda categoría del baloncesto europeo, ora en la élite continental, ora sin destino fijo. El Unicaja no es el Málaga de fútbol del siglo XX conocido como 'el equipo ascensor'. El Unicaja no puede ser el equipo ascensor de la ACB, el Unicaja es un grande del baloncesto español que temporada tras temporada debe demostrar su categoría. Nadie es infalible, pero de ahí a la trayectoria seguida en la última década va un abismo

Vayamos con Plaza, para mí un entrenador al que le sobró alguna temporada en Málaga. Tiene defensores y detractores, pero ni unos ni otros pueden cambiar la historia. Ahí están los datos. Le proporcionó al club un título tras una década de sequía, pero al final no dio el salto esperado y el Unicaja sigue en la línea de irregularidad en la que se instaló antes de llegar el catalán. Con Plaza, en cinco Copas del Rey, faltó a una y llegó solo una vez a semifinales –es decir, un fracaso y una victoria (2015) en cinco encuentros disputados–; jugó los cinco 'play-off' y en tres de ellos llegó a semifinales (solo una vez en sus tres últimas campañas), pero 12 derrotas consecutivas fuera de casa en la fase por el título (de las 15 que acumula el equipo, un hecho sin precedentes en el baloncesto continental en equipos de nivel) no hablan bien de él como técnico, porque al final es un lastre que se refleja en el balance final. Si en sus dos primeras temporadas ilusionó con una vuelta al pasado más glorioso –lo que se manifestó con una mayor afluencia al Palacio de los Deportes–, luego fue más un espejismo que una realidad.

A nivel interno, tuvo roces con casi todas las estrellas del equipo año tras año, y el club consintió estos caprichos. Intolerable. Su balance por competiciones (Liga, Copa, Supercopa, Euroliga y Eurocup) no es positivo por mucho que algunos no quieran verlo. Es verdad que se ha convertido en un técnico récord en el Unicaja, pero por cantidad, no por calidad.

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