De mal en peor

MARTÍN URBANO

El Unicaja, camino de Berlín, hizo parada en Vitoria para jugar un partido en el que tenía poco que perder, pero con la obligación ineludible de encontrarse a sí mismo y hacer olvidar la decepcionante imagen ofrecida en la Copa. Era la vuelta a la competición, tras diecisiete días de pausa, y el arranque de la etapa decisiva para definir los logros de la temporada y el futuro inmediato del club.

La ausencia de Jaime Fernández y la respuesta negativa del equipo tras la última pausa de la competición eran las grandes dudas en el Unicaja. El Baskonia, con muchas bajas también, llegaba a la cita de ayer con muchas interrogantes e inmerso en cierta crisis. Para tanta desconfianza no hay mejor antídoto que un buen comienzo de partido y el Unicaja lo encontró gracias a un gran acierto general en el tiro exterior y en especial a la buena puntería de Kyle Wiltjer. Con el paso de los minutos, el aumento de la intensidad de la defensa de perímetro en el bando local frenó la anotación malagueña y en el ecuador del segundo cuarto, la gran ventaja del Unicaja se había evaporado. Como su defensa era lamentable y la respuesta que le exigía el Baskonia en el juego interior aún peor, el cuadro vitoriano se fue al descanso con ocho puntos de ventaja, tras anotar treinta y cinco en el segundo cuarto.

Tras la pausa, el equipo de Perasovic seguía imponiendo su ritmo y el Unicaja se lo facilitaba con pérdidas continuas. Como la defensa malagueña era de verbena, daba igual lo que hiciera en ataque, porque los locales llegaban solos hasta debajo del aro y en cinco minutos ya había anotado veinte puntos. En medio de la debacle, Luis Casimiro situó a sus hombres en zona que, visto lo visto, parecía la única manera de minimizar un ridículo tan inoportuno como insoportable. El Unicaja tuvo que desmontar la zona y a falta de más de seis minutos, su rival ya superaba la centena de puntos. No es necesario decir que a dos días de lo de Berlín, el Unicaja ni se encontró a sí mismo ni mejoró su imagen.