La 'pequeña Finlandia', en vilo por Salin

El escolta del Unicaja se ha convertido en un imán para sus miles de compatriotas que residen en Fuengirola. Su continuidad en el equipo es una preocupación

Salin, en el centro, posa con un grupo de finlandeses que acudieron a la charla que ofreció en Fuengirola. / JUAN CALDERÓN
Juan Calderón
JUAN CALDERÓN

«¿Vas a seguir la temporada que viene en el Unicaja?». Fue la pregunta más repetida durante el simpático encuentro que Sasu Salin tuvo ayer con un grupo de la amplia comunidad finlandesa que reside en Fuengirola. La pregunta va más allá del simple interés deportivo, pues no conviene perder de vista que la localidad costasoleña congrega a la segunda colonia más numerosa de ciudadanos de este país en el mundo. Son un total de 5.123 censados, pero con una población flotante que puede rondar los 30.000. Todos estos finlandeses casi eran ajenos al Unicaja hasta que el club cajista fichó al escolta procedente del Gran Canaria. Desde entonces, sus actuaciones y los resultados del club malagueño han pasado a ser tema de conversación entre sus compatriotas que alternan largas temporadas en la Costa del Sol con los veranos en Finlandia.

Salin se acercó hasta el restaurante Refla, uno de los puntos de reunión de los finlandeses de Fuengirola. Allí se venden entradas para los partidos del Unicaja y el Málaga, y se organizan los desplazamientos en autobús hasta el Palacio de los Deportes. El escolta se ha convertido en un reclamo de primerísimo nivel para una importante comunidad a la que le encanta el deporte y que por cierto tiene un poder adquisitivo alto. En la hora y media de charla que compartió en Fuengirola se vendieron casi una docena de camisetas del Unicaja y todo tipo de productos del club. Esta comunidad de cajistas de Finlandia cuenta con su propio perfil de Twitter y se reúne para ver los encuentros a domicilio del equipo malagueño.

Este interés por el Unicaja también se traduce en venta de entradas para los partidos. En cada encuentro los finlandeses llenan un autobús con dirección al Carpena y a veces dos dependiendo del rival. Ocupan algunas de las zonas más caras del graderío o las sillas VIP. Así que el futuro de Salin, que acaba contrato en junio, es algo que preocupa y que va más allá de lo deportivo.

Salin respondió a las preguntas de sus compatriotas durante casi una hora y luego firmó autógrafos. / JUAN CALDERÓN

«Ellos me preguntaban mucho por lo que pasará conmigo en verano, pero todavía es pronto y no sé lo que va a suceder. Alguno bromeó conmigo porque he estado en Las Palmas, un sitio con muchos finlandeses, y luego vine aquí, donde está la pequeña Finlandia, y me decía que lo lógico es que ahora vaya a Tenerife, donde también hay mucha gente de mi país (risas). Yo sé que estas cosas son importantes, pero al final lo que decide es el baloncesto», comentaba Salin a SUR mientras degustaba un plato de los tradicionales albondigones de su país acompañado de puré y verduras; eso sí, sin cerveza...

Interés al alza

Finlandia es un país con casi la mitad de extensión de España y con una población que supera por poco los cinco millones de habitantes. Pese a esto, ha dado grandes deportistas y en los últimos años el baloncesto ha experimentado allí un gran auge. Salin es uno de los jugadores más destacados de una selección que hace un mes se quedó a las puertas del Mundial tras caer contra Rusia en el último partido de la fase de clasificación. «Estuvimos cerca de meternos. Nos hundimos al final. Un desastre», recuerda Veppe Tervaskangas, uno de los organizadores del acto y cabeza visible de la peña cajista de finlandeses de Fuengirola. «Salin es nuestro mejor jugador. Nos interesa todo lo que hace, por eso vamos a ver los partidos. Hace unos años un grupo pequeño empezamos a ir a los encuentros del Unicaja, pero ahora con Salin aquí fue una 'explosión' total. ¡Queremos que siga!», bromeaba.

Los cerca de 30.000 finlandeses de la localidad están aquí de vacaciones, así que tienen tiempo de sobra para estar pendientes de cómo le van las cosas a su compatriota. Salin, además, se deja ver de vez en cuando por el Centro Finlandia de Fuengirola a tomar sesiones de sauna, una tradición finesa, los miércoles o los viernes. Su vida en Málaga, no dista mucho de la de sus compatriotas si no fuera por el baloncesto. «Voy a la playa a tomar el Sol, que me hace falta, hago la comida y juego a la Play-Station, claro... (risas)». El caso es que el rubio escolta del Unicaja está totalmente adaptado a la vida malagueña. Su novia Kia trabaja en una inmobiliaria en Mijas y, pese a la prudencia habitual de los jugadores, no oculta su deseo de seguir en el Unicaja. «¡A quién no le gustaría!».