PITOS

PITOS
Ñito Salas

ENRIQUE MIRANDA

Se daba el pasado fin de semana en el Palacio de los Deportes una escena que, no por esperada, dejó de ser impactante. Una sonora pitada al Unicaja, no mayoritaria pero sí significativa, en la presentación del equipo. Una protesta del público dirigida a jugadores, cuerpo técnico y directiva para mostrar su malestar por la deriva del conjunto malagueño esta temporada, en la que por ahora no se han cumplido los objetivos, y también por la falta de intensidad mostrada por la plantilla en los últimos partidos. Publiqué un mensaje en Twitter comentando la pena que me daba ver esa imagen en el pabellón y se generó un interesante debate con varios aficionados sobre si esos pitos eran o no adecuados. Por un lado estaban los que vieron esa reacción de la grada necesaria e incluso echaban en falta más contundencia. Lo ven como una manera de darle un toque de atención al club para sacarlo de ese «inmovilismo» -un término que he escuchado mucho estos días- ante una situación que consideran crítica. Por otro lado recibí no pocos mensajes con la postura contraria, argumentando que no ayuda en nada silbarle a un equipo que está en horas bajas, y mucho menos hacerlo antes del partido.

A mí, que mucho antes de ser periodista fui seguidor del Unicaja, nunca me ha gustado escuchar pitos a mi equipo, aunque reconozco que alguna vez me he dejado llevar por el ambiente. Menos aún entiendo hacerlo con el partido ya empezado, puesto que entiendo que todo aficionado lo que quiere es que su equipo gane. Pero, como dijo tras el partido Luis Casimiro, el público es soberano y si los pitos vienen para exigirle más al equipo, a la entidad, buenos son. Mucho peor que los pitos es la indiferencia. Sinceramente nunca he creído que la del Unicaja sea la mejor afición de Europa, pero al menos demuestra que le duele lo que pasa en el equipo y eso vale mucho. Ojalá lo de los pitos se quede en anécdota. Pero cuidado con no darle importancia a la opinión de los aficionados, porque el mayor riesgo que existe es ver el pabellón vacío.