UN PÍVOT

MARTÍN URBANO

Como ya le ocurrió al Unicaja en las primeras semanas del curso pasado, obligado a compatibilizar la nueva Euroliga con la exigente Liga Endesa, el Herbalife Gran Canaria apareció en el partido de ayer totalmente desubicado y en el primer cuarto ya había perdido ocho veces el balón. Todo lo contrario que el cuadro malagueño, enchufado desde el salto inicial. Luis Casimiro se decidió por incluir a Shermadini en el quinteto inicial para contrarrestar la estatura de los pívots visitantes. Sus compañeros intentaban sacar partido de su presencia poniendo el balón en sus manos con frecuencia, sus rivales también y para ello insistían en los bloqueos directos, con la idea de descolocarle defensivamente, pero el georgiano aguantaba en ambos lados del campo y su equipo, a impulsos de Fernández, iba por delante. Después, con pívots más pequeños, el Unicaja dio el primer tirón importante. Cuando se llegó al descanso, ganaba con claridad, porque había tirado más veces y con mejor porcentaje.

En el arranque de la segunda mitad, Casimiro dejó en el banquillo a algunos titulares y su rival se tomó un pequeño respiro. Sin embargo, bastaron algunos pequeños retoques para que el Unicaja volviera a recuperar la alegría y las diferencias en el marcador crecieran. Cuando esa alegría llegó también al entrenador a la hora de hacer cambios, el juego malagueño sufrió otro parón. Afortunadamente, Shermadini estaba allí para mantener la anotación local. Cuando se sentó el pívot georgiano, al Unicaja, muy desacertado en el tiro exterior, le costaba mucho sumar puntos. Además, la ausencia del gigante local invitó a Maldonado a utilizar un quinteto más pequeño, con más tiradores y a pensar, por primera vez, que podía ganar. Un error de cálculo del técnico catalán que el Unicaja aprovechó para volver a llegar con facilidad hasta la canasta contraria y asegurarse la victoria.

Al final, la mejor noticia fue la actuación de Shermadini, no sólo porque fallara únicamente tres de sus diez tiros, sino porque en el baloncesto de hoy, tener un jugador que se mueva con esa solvencia en las proximidades del aro contrario marca las diferencias.

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