Rubén Guerrero, un jugador sin precedentes en la cantera del Unicaja

Rubén Guerrero, un jugador sin precedentes en la cantera del Unicaja
Salvador Salas

El marbellí es el jugador malagueño más alto que ha pasado por el Unicaja (2,13) y también destaca por su gran envergadura (2,30)

Enrique Miranda
ENRIQUE MIRANDAMálaga

Desde que llegó a las instalaciones de Los Guindos el pasado lunes, la mayoría de los comentarios en torno a Rubén Guerrero, el nuevo fichaje del Unicaja, son sobre su espectacular físico. Ayer, en su presentación oficial con el club malagueño (ver vídeo) hasta el director deportivo Carlos Jiménez –2,05 de altura y bastante acostumbrado a jugadores grandes– bromeaba sobre el tamaño de la camiseta del marbellí o su fuerza a la hora de estrecharle la mano para la foto de rigor.

Tener un físico privilegiado para el baloncesto no le garantiza nada al jugador de 23 años en el mundo profesional, pero sí le ayudará. Guerrero es el jugador malagueño más alto que ha pasado por el Unicaja, ya que no hay un precedente de jugadores locales con sus centímetros y envergadura. Las mediciones que le ha hecho el club en esta primera semana de trabajo son reveladoras: 2,13 de altura, 2,30 de envergadura y 110 kilos de peso que son pura fibra y músculo (el jugador será analizado hoy por el nutricionista del club, Paco Jaime). 'El Gigante', le apodaron en Estados Unidos. Nunca un jugador malagueño ha tenido estas características y entre los canteranos foráneos tampoco hay muchos casos parecidos. Quizás el más parecido es Viny Okouo, precisamente el jugador al que podría sustituir Guerrero, que mide 2,14 aunque tiene menos envergadura (2,25). Llama la atención ese dato de la envergadura –la distancia entre la yema de los dedos de una mano y de otra con los brazos abiertos–, muy valorado en el mundo de la canasta a la hora de rebotear, poner tapones, defender y en definitiva ocupar espacios. Por comparar con otros jugadores de la Liga Endesa el enorme Tavares tiene 2,36 de envergadura y Pustovyi, 2,34.

Por ahora, el club quiere verlo entrenar y aún no se ha decidido si la próxima temporada estará en el primer equipo o saldrá cedido. «De su trabajo y del nivel de competición que pueda dar dependerá su futuro», decía Carlos Jiménez.

Además de genética, la transformación física de Guerrero tiene mucho trabajo detrás. Ayer relataba que en sus primeros años en Estados Unidos ingería enormes cantidades de comida para después ganar volumen en el gimnasio. «Cuando llegué a Estados Unidos era un canijillo, sabía que allí necesitaba ponerme mucho más fuerte para competir. El cambio físico me hizo cambiar también de mentalidad, me ayudó a saber que podía pegarme con pívots muy fuertes», explicaba ayer. «He recordado estos días cuando venía de Marbella a ver los partidos, a ver a Germán Gabriel, a NDong… Me metía en los pasillos a pedir autógrafos. Ahora entro siendo jugador y no siendo un aficionado y eso me hizo ilusión», relataba.