«Hay la misma unión en el equipo que cuando ganamos la Eurocup»

Alberto Díaz posa en su taquilla del vestuario del Palacio de los Deportes Martín Carpena, al que acude a diario para recuperarse de su lesión. /Félix Palacios
Alberto Díaz posa en su taquilla del vestuario del Palacio de los Deportes Martín Carpena, al que acude a diario para recuperarse de su lesión. / Félix Palacios

Alberto Díaz, el gran ausente en la Copa del Rey, habla sin tapujos del ambiente que reina en el vestuario y expone sus «buenas sensaciones» en la cita de Madrid

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

De la nada surgió Alberto Díaz. Del páramo de Los Guindos brotó un pelirrojo que desde una abnegación digna de elogio creció hasta convertirse en referente (es de justicia reconocer la obstinación del presidente del club, Eduardo García, en asentarlo en la élite). El canterano, de carácter hosco, sonrisa abierta, mirada limpia y personalidad desbordante, será el gran ausente en la Copa del Rey de Madrid. Lejos de sentirse en el ostracismo, el malagueño desvela en esta conversación largamente anhelada los matices de su aportación a un equipo que echa de menos sus privilegiadas cualidades para cambiar el signo de los partidos. «Es que para mí jugar al baloncesto es lo más bonito, lo que más me gusta, es mi vida», irrumpe.

A sus casi 25 años ya ha saboreado las mieles del éxito y las hieles de una lesión que ha cortado su progresión «en el momento de mayor nivel de mi carrera. Llegó en un momento muy inoportuno, cuando sentía que aportaba más, que podía ser referente, dar un paso más... », apunta sin titubear. En el punto álgido de su trayectoria encontró en las palabras de su madre el sostén necesario para no marearse en las alturas y seguir siendo el jugador que impresiona a todos; en la hora de la tristeza más infinita no hubo lamentos, ni reproches, ni una frase de consuelo, solo encontró la mirada cómplice de sus progenitores. «Para el que me conoce, una mirada es suficiente», acota.

Suele ocurrir que las palabras huelgan cuando en los ojos que otean en la distancia el cariño maternal cunde la preocupación. Ambos instantes que cuelgan ya de la galería de imágenes reservada a los suyos tuvieron a Valencia (título de la Eurocup y lesión) como protagonista y por el Turia fluyeron esas lágrimas, primero de felicidad, luego de frustración, de un Alberto Díaz que en apenas quince meses conoció las dos caras del deporte.

«Soy de llanto fácil. En la recaída me derrumbé cuando me llevaron tras la valla en Valencia. Se me saltaron las lágrimas de impotencia. Después de dos meses recuperándome... Es cierto que duró poco el bajón porque esa noche mis compañeros estaban reunidos en una habitación y me llamaron para que estuviera con ellos; me hablaron mucho, me animaron, me gastaron bromas y el mal rato se fue pasando. Luego uno asume que esto es parte de mi trabajo. Es verdad que pensaba que lo iba a llevar peor, que me iba a hundir más, pero el equipo me ha ayudado mucho porque hay muy buen ambiente en el vestuario. Ha habido temporadas donde la gente no estaba tan unida, no se involucraba tanto. Este año hay mucha unión, hay la misma unión en el equipo que cuando ganamos la Eurocup. Y los fichajes han tenido mucho que ver. Roberts es el que organiza los actos y nos intenta reunir siempre que puede. Tener en un vestuario a gente como Lessort alegra, te hace abstraerte de la rutina, es diferente, bromista, da vidilla al equipo. Milosalvjevic no es lo que aparenta, hasta Jaime cuando llegó dijo que es el mejor serbio que se había encontrado, un buen tío, buen compañero, siempre anima al equipo, crea buen rollo… Shermadini no es el más serio, qué va, engaña… El más serio puede ser yo, ¿no? (risas) No lo quería decir, pero sí, puedo ser yo».

Confesiones íntimas de una mañana fría que se despereza al sol mediterráneo que calienta en los albores de un febrero con aroma a ilusión en un torneo que parece llegar en buen momento para el conjunto que entrena Luis Casimiro. El halo de misterio que envuelve la figura de Alberto Díaz es inversamente proporcional a la capacidad de razonamiento que muestra en esta entrevista a tumba abierta, sin papeles, «como a mí me gusta», espeta antes de zamparse un bocadillo tras madrugar para ejercitarse en esa recuperación lenta que le tiene abatido físicamente, pero enérgico en su voluntad de volver a ser el que fue en la pista, el que sigue siendo en ese plano personal tan desconocido.

La pregunta no se hace esperar. Como maestro, ¿qué lección extrae de lo vivido este último año?: «Intento aprender de las experiencias, desde cuando sale todo hasta cuando no tienes continuidad en un año. En ambas situaciones me refugio en los míos. Cuando ganamos la Eurocup, por ejemplo, mi madre me dijo: 'Alberto, no te creas que todo te va a salir como este año, la progresión que tengas o los éxitos que obtengas es un año que te toca. Tú no puedes vivir ni de este año ni puedes esperar que todo te salga así'. El año siguiente fue duro, la Euroliga, los viajes, el nivel de los rivales, cambia tu rol, eres más importante... Y este año llegan las lesiones; intento ser maduro para que esto no me condicione mentalmente. Estoy en un proceso de mejorar en el aspecto psicológico, de aportar al equipo sin estar en pista».

Se nota su ausencia

«Cuando me dicen que se nota mucho que no estoy, yo digo, pues no se nota tanto... ¡Mira cómo va el equipo!», y se le ilumina ese rostro aún aniñado, que torna serio cuando habla de Carlos Suárez: «En los últimos tres años no nos hemos perdido un partido y ahora hemos caído los dos a la vez. Carlos es muy importante para el equipo, por lo que aporta, por lo que significa, por lo que tensiona a todo el mundo. Es nuestro faro y cuando caímos los dos hubo pérdida de confianza y perdimos cierta ventaja como equipo que teníamos al principio de temporada...»

Abrumado por una popularidad que rechaza con amabilidad, es una persona agradecida. «Claro que noto el cariño de la gente. Uno es de aquí y la gente se siente identificada contigo, y eso es una responsabilidad. Pero lo único que hago es echarle ganas, porque la afición del Carpena a nada que le eches ganas te acompaña». Esas son las ganas que se echarán de menos en la Copa: «Tengo buenas sensaciones porque el equipo está otra vez bien, ha recuperado su juego; frente al Valencia tuvimos unos minutos muy buenos, en Barcelona creo que hicimos un gran trabajo pese a las dificultades, y frente al Real Madrid demostramos que estamos ahí, recuperando la confianza, como se vio también frente al Manresa, y la Copa es un estímulo especial que intentamos transmitírselo a los nuevos. El equipo va a ir muy motivado y con ganas de enfrentarse al Tenerife, porque desde el partido del día de Reyes tenemos esa espina clavada».

«Me dicen que se nota mi ausencia, y digo, pues no tanto, mira cómo va el equipo...», reflexiona el capitán del Unicaja en plena recuperación de su lesión

Díaz no oculta que será un partido especial: «En el Tenerife hay muchos jugadores nacionales, algunos amigos... Con Sebas Sáiz coincido en la selección desde que teníamos 16 años, hemos sido compañeros de habitación y tenemos muy buena relación. A Rodrigo San Miguel y Javier Beirán los conocí en la selección y me parecieron personas fantásticas, se les coge cariño rápido. Es una reválida bonita la que tenemos en la Copa, además con jugadores nacionales, que es nuestro producto, es bueno que haya tanto nivel entre españoles. Como no puedo jugar, mi misión será ayudar y animar a mis compañeros en la Copa, aunque no es bueno meterle mucha presión y agobiarlos».

«El equipo va a ir muy motivado a Madrid porque tenemos una espina clavada con el Tenerife desde el día de Reyes» rival en la copa

«Casimiro es como un padre deportivo, tengo la responsabilidad de darle todo por lo que ha hecho por mí, por lo que confió en mí» un entrenador especial

A la hora de hablar de Casimiro, Díaz se sincera: «Le tengo un aprecio especial, fue el que me hizo debutar, el que confió en mí, y puede que sin él no hubiera experimentado todas estas vivencias. Hay muchos jugadores con talento, pero si nadie apuesta por ti es complicado llegar. Es una persona a la que siempre admiraré porque me ha instruido y ha confiado en mí, me llevó a Fuenlabrada... Es como un padre deportivo y es una responsabilidad para mí demostrarle o darle todo lo que pueda para agradecerle lo que hace por mí. Además, es una persona que siempre tiene la palabra adecuada para el que lo está pasando mal, comprende al jugador y sabe lo que piensa y cuál es su estado de ánimo. Se da cuenta por la expresión corporal del jugador cómo se siente, y es bueno gestionando ese tipo de confianzas, es algo característico de él».

Díaz, durante la entrevista.
Díaz, durante la entrevista. / F. Palacios

 

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