Y AHORA, ¿QUÉ?

PEDRO RAMÍREZ

El proyecto del Unicaja 2018-2019 ya ha superado con creces el ecuador de la temporada y entra en su recta final ineludiblemente debilitado ante los resultados obtenidos en la Copa del Rey y en la Eurocup y, a pesar de la propensión que tenemos todos a calificar al momento o incluso sentenciar después de cada partido o acontecimiento vivido el rendimiento de los equipos, mal haríamos sí nos olvidáramos que aún queda un tramo importante de la temporada y que este equipo atesora valores muy relevantes que pueden dar la vuelta a esas malas sensaciones.

Ya sabemos que el deporte de la alta competición es inminentemente emocional y que se vive con inmediatez, que pasar del éxtasis al llanto o de héroe a villano (o al revés) es el pan nuestro de cada día, como ha ocurrido ya aquí esta misma temporada, como también conocemos a estas alturas de la película las virtudes y defectos más importantes de este Unicaja, sobre todo y visto lo visto, quien mejor los conoce son sus rivales que, como es normal, atacan estos últimos sin piedad una y otra vez y en cada partido.

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Pero precisamente por esto el deporte siempre nos va a dar la oportunidad de redimirnos en el siguiente acto, en el siguiente partido, que después de la frustración hay que levantarse porque siempre hay o habrá una nueva oportunidad para reemprender la marcha del exito o, en castizo, darle vuelta a la tortilla, teniendo que aprender, eso sí, a hacer prevalecer las capacidades y a tapar en lo posible las carencias propias que, como bien sabe y hace Casimiro, se consigue solo apretando los dientes y con el trabajo diario.

Lamentablemente en el balance final de la temporada sólo se juzgará lo ocurrido y la planificación del club por los resultados obtenidos sin tener en cuenta las vicisitudes, lesiones o acontecimientos sobrevenidos que hayan podido entorpecer la rentabilidad del proyecto y que ha tenido que sufrir el equipo, lo cual es, por otra parte, además de injusto inevitable, sencillamente porque en este negocio no valen para nada las justificaciones que solo sirven para el desahogo y para que se las lleve el viento, que nos guste o no quedan incluidas en el sueldo.

Pero con independencia de lo que el Unicaja finalmente consiga en la Liga Endesa, en donde lo mejor puede estar por llegar, sí que creo que el club se enfrenta a cuestiones muy importantes que también tiene que intentar dilucidar y que debe saber transmitir a su afición sobreviviendo al margen del resultado, que afectan a sus aspiraciones reales de recuperar una plaza, que cada vez resulta más cara, de la Euroliga con dichos y también con hechos, lo que requiere poner y disponer al servicio de la causa de una gran ambición deportiva que se debe palpar en la cancha y trascender a los despachos, la ambición de mantener el prestigio ganado a pulso de un patrocinador, una ciudad, un club y una afición absolutamente ejemplares que reclaman su sitio en ese selecto club de la Euroliga, en el que se entra por múltiples razones y que tanto exigen en todas y cada una de ellas como única alternativa al abismo a lo desconocido que pueda estar por venir.

Y ahora, ¿qué?